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1816- La Segunda Independencia será revolución continental o no será- 2016

1816- La Segunda Independencia será revolución continental o no será- 2016
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1816- Así fue posible la primera Independencia

Al buscar apoyos internacionales para su política de someter aún más el país al imperialismo, Macri actúa de manera opuesta a los próceres que impulsaron la independencia: San Martín, Belgrano, Güemes, Monteagudo, presionaron a los políticos de Buenos Aires y las provincias para romper definitivamente con España declarando la Independencia, para apoyar las luchas revolucionarias de todo el continente.

Un año difícil para los independentistas

En esos años, el panorama político era complicado. Con Napoleón derrotado, las potencias europeas apoyaron a España para que recupere sus colonias. Y como consecuencia, para 1816 en América Latina solo quedaban en pie dos bastiones revolucionarios: Haití y las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La nación caribeña, nacida de una revolución de los esclavos contra su sometimiento, ayudaba a Simón Bolívar y su campaña libertadora en el norte de Sudamérica. Y en el viejo Virreinato del Río de la Plata la causa patriota atravesaba toda la sociedad, desde las masas pobres que servían voluntariamente en los ejércitos y guerrillas para ajustar cuentas con los opresores españoles, hasta los comerciantes que veían una oportunidad para expandir sus negocios; pasando por los profesionales e intelectuales arruinados por la burocracia del imperio. Por eso, el dominio español había sido abolido en los hechos desde 1810
Pero formalmente, el Río de la Plata seguía jurándole fidelidad al rey español, por lo que en 1816 urgía aclarar la situación, eligiendo entre tomar en serio ese juramento y rendirse a los opresores coloniales; o avanzar en la ruptura con ellos declarando al antiguo virreinato una nueva nación independiente, para dejar en claro ante el mundo que la lucha por la libertad era irreversible.
Pero, aunque casi todos los sectores políticos y sociales estuvieran de acuerdo con esta última opción, había diferencias. Los comerciantes y hacendados de Buenos Aires eran partidarios de llegar a acuerdos que les permitieran negociar y enriquecerse libremente, antes que impulsar la lucha hasta el final. Además, los negocios de estos sectores, a su vez, causaban conflictos internos con las provincias por arruinar las economías regionales, debilitando la resistencia al avance español desde la actual Bolivia, y al avance portugués desde Brasil.
Por otro lado, los próceres, partidarios acérrimos de la Independencia, no consideraban a tal declaración como un objetivo en sí, sino como una forma de apuntalar políticamente la guerra revolucionaria: ellos entendían a la revolución como un todo, de la cual la Independencia Argentina era tan solo una parte, y contaban con el apoyo del pueblo en armas a esa posición. No por nada estaban nucleados en una organización política que coordinaba a los líderes revolucionarios de los diferentes países de América: la Logia Lautaro.
Para ellos, San Martín, Bolívar, Monteagudo, el fin último era consolidar una unión entre las diferentes naciones surgidas de la revolución contra el dominio colonial, única forma de garantizar la libertad de todo el continente frente a las potencias regionales o mundiales. Eso era lo que buscaba Belgrano cuando proponía al último descendiente de los Incas como rey de los antiguos virreinatos del Río de la Plata y Perú.

Una revolución traicionada

La Declaración de Independencia sirvió para reforzar los esfuerzos guerreros: Güemes logró el poder político suficiente como para poner a todos los recursos de las provincias del Norte a disposición de la lucha contra los realistas, llegando a ordenar expropiaciones. San Martín pudo organizar el cruce de los Andes desde Cuyo, que finalizó con la liberación de Chile y de la costa peruana. Y las campañas de los corsarios patriotas se incrementaron en todos los océanos, derrotando a la marina española y ayudando a la liberación de Centroamérica. Así, la declaración de Independencia fue un triunfo político de quienes veían a la lucha por la libertad como una lucha internacional, a escala continental.

Pero desgraciadamente, esta visión se fue perdiendo al ir quedando el control de los nuevos países en manos de los sectores acomodados enfrentados a las masas que dieron su vida por la Independencia, ligados a los capitales extranjeros, y con intereses contrarios a cualquier unión de las naciones americanas. Por lo que, tras las cruentas guerras internas que siguieron a la gran guerra revolucionaria de independencia, surgieron nuevos estados al servicio de la opresión del pueblo trabajador, de la entrega al imperialismo y de la desunión de los pueblos de nuestro continente.

Habiendo hecho de esta traición a la causa libertadora su forma de enriquecerse, las clases dominantes de América Latina, las burguesías criollas, se transformaron en agentes serviles de las potencias extranjeras que nos dominan y explotan; por lo que no se las puede contar de ninguna manera para luchar por una Segunda Independencia: de hecho, no se puede liberar a nuestros países del dominio imperialista, si no se libera al pueblo trabajador de la explotación de esas burguesías. La tarea de llevar adelante esta lucha, corresponde hoy a la clase obrera, al frente de todos los oprimidos.

Y como en 1816, esta lucha es una lucha internacional. De México a Tierra del Fuego, de Rosario a San Pablo; los que nos oprimen son los mismos, y solo unidos seremos más fuertes que ellos. Forjar esta unidad internacional es una tarea por delante.

Notas complementarias: 

1) http://www.pstu.com.ar/2016-vamos-por-una-segunda-y-definitiva-independencia/

 

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