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A un año de las jornadas del 14 y el 18 de Diciembre

A un año de las jornadas del 14 y el 18 de Diciembre
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El 14 de Diciembre del año pasado, miles de trabajadores, estudiantes y jubilados fuimos a la Plaza de los dos Congresos a repudiar la Reforma Previsional que pretendían votar los diputados  de Mauricio Macri y sus amigos. No queríamos que le roben a nuestros viejos que se habían pasado la vida trabajando. Los dirigentes de la CGT, Hector Daer, Carlos Acuña y Smith se quedaron de brazos cruzados, sin movilizar, ni parar. Aun así, allí estaban los metalúrgicos de Quilmes, los trabajadores del Astillero Rio Santiago y miles de obreros.

Por Bruno Molina

Frente a la inmensidad de la movilización y el repudio, Macri y Bullrich lanzaron las fuerzas represivas sobre nosotros, con gases y balas de goma. Pero nos quedamos ahí y respondimos a la represión con lo que teníamos a mano. Horas de enfrentamiento. Idas y venidas con los ojos quemados por los gases y el cuerpo lastimado por las balas de goma, pero seguímos firmes, haciendo retroceder a la policía en varios lugares, cubriéndonos atrás de ligustrinas y contenedores incendiados, cantando que se vayan todos.

Ese día logramos que se levante la sesión y que después de varios amagues, la CGT se vea obligada a llamar a un paro nacional,  sin movilización, el 18 de Diciembre, cuando el Gobierno volvería a la carga para intentar aprobar el robo a los jubilados.

El lunes 18 volvimos a salir a la calle miles y miles contra la reforma previsional. La conducción de la CGT no movilizó, pero allí estaban de nuevo los trabajadores en la calle, frente a las vallas y los cientos de policías que custodiaban a los Diputados delincuentes que estaban por robarle con guantes blancos el dinero a los jubilados.

Ahí estaban nuestros compañeros  Sebastián Romero y Daniel Ruiz resistiendo los ataques de la policía, que dejó cientos de heridos y varios compañeros que perdieron un ojo por las balas de goma.

Hicimos barricadas, tomamos lo que teníamos a mano y enfrentamos la represión que lanzó Macri y Bullrich. Lograron sacarnos de la plaza con una lluvia de gases, balas de goma, golpeando a jubilados, trabajadores y estudiantes.

Pero, a las pocas horas, empezaron a organizarse cacerolazos y cortes de calle en los barrios, confluyendo en una multitudinaria movilización por la noche.

Mostramos nuestra fuerza, sentimos el poder del pueblo cuando se moviliza y defiende lo suyo. Y eso Macri lo sabe, por eso, luego de las heroicas jornadas del 14 y el 18 de diciembre no pudo avanzar con la Reforma Laboral que le piden las patronales, el FMI y G20.

Algunas enseñanzas

El Congreso y el Senado no representan a los trabajadores, ni a los jubilados, ni a las miles de mujeres que mueren por abortos clandestinos.

Gobiernan para las patronales, para las multinacionales, el G20  y el FMI, como lo dejaron claro con la votación del presupuesto 2019.

La policía y la gendarmería no están al servicio del pueblo, están para defender en armas a los corruptos ladrones que nos gobiernan, como Mauricio Macri. Existen para calmar con palos, gases y balas la bronca que genera el hambre y la pobreza. Como quedó claro el 14 y el 18 de diciembre. Así lo hicieron con el asesinato de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel para garantizarle las tierras a Benetton.  Y también con el reciente asesinato en manos de la policía de los compañeros Rodolfo Orellana y Marcos Soria, de la CTEP, que reclamaban por tener un pedazo de tierra donde levantar una casa.

Por eso decimos que Macri y Bullrich se tienen que ir. Son asesinos de trabajadores y deben ser juzgados por la justicia obrera y popular.

Este gobierno, congreso, jueces y fuerzas represivas deben ser reemplazadas por un Gobierno de los Trabajadores y el Pueblo, para que seamos nosotros los que decidamos que hacer con el país, para que no haya viejos ni nenes que se nos mueran de hambre, ni jóvenes asesinados por el gatillo fácil y la brutalidad policial. Para que haya educación y salud pública de calidad, donde las mujeres puedan elegir el momento de ser madres.

Para que la tierra sea de quienes la trabajan, y la producción sirva al bienestar de los trabajadores que hacen funcionar las fabricas todos los días.

Las jornadas del 14 y el 18 de diciembre demostraron que eso es posible, porque probamos nuestra fuerza en la calle, como hoy lo están haciendo los trabajadores Franceses, que acaban de asestarle un duro golpe al gobierno de Macron, combatiendo en la calle con lo que tenían a mano. Pero los dirigentes sindicales y políticos traicionan a los trabajadores, garantizando que las patronales sigan chupándonos la sangre. Tenemos que sacar de  los sillones a los dirigentes sindicales vendidos de la CGT y las CTA y poner en su lugar a los compañeros que realmente luchan todos los días. Tenemos que decirle a todos aquellos que quieren que esperemos hasta las elecciones del año que viene, como dice el kirchnerismo y lamentablemente la mayoría d elos partidos de izquierda, que la pelea es ahora. Las mujeres que mueren por abortos clandestinos no necesitan unirse con los pañuelos celestes en las próximas elecciones, necesitan salir a pelear ahora.

Pero no es suficiente con eso. Necesitamos construir un partido que realmente defienda los intereses de los trabajadores y el pueblo, contra los intereses de los patrones y sus partidos políticos y dirigentes sindicales. Un partido internacional, revolucionario, obrero y socialista, dirigido por compañeros que hayan demostrado en la lucha que no se venden, que no concilian con los patrones, y que están dispuestos  a dejar la vida peleando por un mundo sin explotados ni oprimidos.

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