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COVID-19, CAPITALISMO, GUERRAS, REVOLUCIÓN….

COVID-19, CAPITALISMO, GUERRAS, REVOLUCIÓN….
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Cuando la Canciller de Alemania, Ángela Merkel, declaró que la actual pandemia del Covid-19 constituía el mayor reto de Alemania desde la Segunda Guerra Mundial, dio la impresión que estaba exagerando. Sólo que a posteriori, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, declaró lo mismo. Hasta Donald Trump, que en los inicios de la pandemia decía que era “igual que una gripe común,” acabó declarando que también, para su país, era el mayor desafío desde la Segunda Guerra Mundial.

Por Martín Hernández

En el mismo sentido personalidades de renombre, del campo científico, cultural y político han llegado a comparar la actual pandemia con la de la “gripe española”, una de las dos mayores de la historia.  E incluso, se dice que sus posibles consecuencias, pueden llegar a ser comparables con las de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Aún es demasiado temprano para saber todas las consecuencias que traerá para la humanidad la actual pandemia, pero, si la respuesta a la misma depende sólo de los gobiernos capitalistas, lo más probable es que ella provoque estragos, en el conjunto del planeta, similares a las tragedias antes mencionadas.

Pandemias y capitalismo

El Covid-19, así como la “plaga de Justiniano”, la “peste negra” o la “gripe española”, es uno de los tantos virus que, a lo largo de la historia, han exterminado partes importantes de la humanidad. Sólo que, también a lo largo de la historia, el ser humano ha ido dominando la naturaleza de tal forma que actualmente podrían existir todas las condiciones para evitar que ese tipo de epidemia se transformase en una pandemia y, si se llegara a ello, impedir que tuviera graves consecuencias.

La plaga de Justiniano, que tuvo su pico máximo entre los años 541 y 544 (d. C), no pudo ser contralada. Ella se extendió por dos siglos matando, según las estimaciones, entre 25 y 100 millones de personas

La peste bubónica, conocida como “peste negra”, por el contrario, pudo ser contralada. Esta pandemia, que nació en la China y se trasladó a Europa entre los años 1347 y 1351 provocó la muerte de más personas (entre 75 y 200 millones). Ella provocó el exterminio de más de un tercio de los habitantes de Europa. Sin embargo, consiguió ser contralada mediante dos medidas que hoy en día parecen relativamente simples: cuarentena y cuidados con la higiene.

Pero, si hace 669 años atrás se logró controlar la peste negra ¿Qué explica que, desde un primer momento, no se haya podido controlar al Covid-19?

Lo que explica esta contradicción es lo mismo que explica que, hace 100 años atrás, no se haya podido controlar otra terrible pandemia: la “gripe española”. No se pudo controlar esa gripe porque los intereses de las grandes potencias imperialistas de la época lo impidieron.

Marx, ya hace más de 170 años, decía “…la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad[1] y esta sentencia cobró cuerpo cuando, en el año 1914, se desató la Primera Guerra Mundial.

En la Primera Guerra lo que estaba en disputa eran los negocios de las diferentes potencias de la época y, para defender esos negocios, cada potencia envió a sus ejércitos, formados por jóvenes campesinos y obreros, recién incorporados, para matar a los obreros y campesinos de las otras potencias. El resultado fue aterrador. Murieron 10 millones de personas, entre soldados y civiles, a la vez que quedaron 20 millones de heridos, la mayoría mutilados. Fue en ese contexto que se dio la pandemia de la gripe española la cual provocó, a nivel mundial, una cantidad de víctimas muy superior a las de la guerra.

¿Existían condiciones de evitar esta tragedia hace 100 años atrás? Solo bastaba que se aplicara, como mínimo, la política que en la Edad Media controló la peste negra. Pero eso afectaría los intereses de grandes potencias imperialistas, particularmente de los EE. UU y entonces se optó por “salvar la economía” con un trágico costo humano.

La gripe española, en contra de lo que su nombre indica, no surgió en España sino en los EE.UU. En marzo de 1918 comenzó la epidemia en el interior de un campamento de soldados que se estaban preparando para intervenir en la guerra y ella se extendió a otros 13 campamentos. A pesar de eso, la necesidad de “cuidar de la economía” se impuso sobre la salud, y las tropas infectadas por la gripe española, fueron enviadas a Europa. Así, lo que era una epidemia, en el interior de los EE. UU, se extendió por todos los continentes y se trasformó en una pandemia.

En una Europa, destruida por la guerra interimperialista, la gripe encontró un terreno fértil para desarrollarse y lo mismo ocurrió en las colonias en donde reinaba una pobreza extrema. Mientras todo esto ocurría, la existencia de la gripe española, fue mantenida como un secreto de Estado por todos los países en guerra. Esto sólo cambio cuando, después de la gripe afectar a Francia, que era por donde entraron los soldados americanos, se extendió para Gran Bretaña, de allí para Italia, pasando por Alemania para finalmente llegar a España que, por ser un país neutral, tornó pública la existencia del terrible flagelo. De allí que se la conozca como “gripe española” pues se decía (se mentía) que era el único país en donde tal gripe existía.

Para impedir que la epidemia se transformase en una pandemia, los EE.UU precisaban aislarse del resto del mundo. Pero eso, en la práctica, significaba retirarse de la guerra en la cual recién habían entrado y eso era impensable para el imperio americano.

Los EE.UU, en un primer momento, no participaron de la Primera Guerra Mundial, cosa que le permitió a Thomas Woodrow Wilson, con un discurso pacifista, ganar las elecciones presidenciales. Pero, a posteriori de su victoria, cambio de política y con el hipócrita discurso de “…tornar el mundo seguro para la democracia” decidió intervenir para no perderse el reparto del botín y así llegó a enviar un millón y medio de soldados, con la gripe española incluida, cosa que hizo que muchos de ellos murieran en los barcos antes de llegar a Europa.

La intervención de los EE.UU fue determinante para que la Entente[2] ganase la guerra. Si no lo hubiesen hecho los EE.UU no serían la potencia imperialista que es actualmente.

Al final de la pandemia se pudo hacer el balance de los “daños colaterales”. Los EE.UU, que habían tenido 116.000 muertos en la guerra, tuvieron más de 500.000 con la gripe española; Francia 400.000; Gran Bretaña, 250.000; Italia 400.000; India entre 10 y 17 millones; China 30 millones; España 200.000; Rusia entre 450.000 e 2 millones setecientos mil; Brasil 35.000; Argentina 15.000; Chile 43.000.  En total se calcula que murieron, a nivel mundial, entre 50 y 100 millones de personas a la vez que pequeñas comunidades indígenas fueron completamente exterminadas.

Capitalismo y Covid-19

Si en el año 1918 existían condiciones, para evitar que la epidemia de la gripe española se transformase en una pandemia, en la actualidad existen, teóricamente, mucho mejores condiciones para enfrentar el Covid-19.

Por ejemplo, para enfrentar esta pandemia hoy existen más de 100 test diferentes para detectar las personas que están contaminadas y así poder aislarlas del resto, cosa que no existía en 1918.

También actualmente los pacientes más graves pueden ser tratados con respiradores mecánicos, y con todo tipo de antibióticos, y en una semana se puede construir un enorme y moderno hospital. Todo esto era impensable en 1918.  Por otra parte, la gripe española se pudo extender rápidamente en Europa porque el continente estaba destrozado por la guerra.

Sin embargo, a pesar de todos los avances científicos y técnicos, y a pesar de hoy no existir una guerra mundial, el mundo está actualmente en iguales, o aún peores condiciones que en 1918, para enfrentar una pandemia que amenaza provocar millones de muertos.

Esto es así porque, al igual que en 1918, los intereses del capitalismo, como decía Marx, se contraponen a los intereses del conjunto de la sociedad y por eso esta no puede aprovechar los avances de la ciencia. En realidad, el capitalismo se muestra incapaz de garantizar, aunque más no sea, las dos medidas que en la Edad Media fueron utilizadas para parar la peste negra.

La pandemia ya se ha extendido a casi todo el mundo con una secuela de infectados y muertes que no paran de crecer. Por otra parte, ella provocó una brusca caída de las bolsas, de la producción, de forma generalizada y todos los datos indican que el mundo ha entrado en una profunda recesión[3] económica que pude dar origen a una depresión[4].

La situación anterior ha hecho que el conjunto de la sociedad haya entrado en una “guerra contra el Covid-19” sólo que es una guerra con objetivos diferentes. El conjunto de las poblaciones, con los médicos/as y enfermeras/ros a la cabeza buscan desesperadamente, en primer lugar, salvar vidas. Los gobiernos, junto con los grandes capitalistas, buscan, también desesperadamente, en primer lugar, salvar sus negocios.

Así el gobierno americano destinó muchos millones de dólares para la “guerra contra el Covid-19” pero, una buena parte de esos recursos, están destinados a ayudar a las grandes empresas para, supuestamente, “defender el empleo” sólo que, esas mismas empresas, con el aval del gobierno, ya despidió, en las últimas semanas, a 22 millones de trabajadores.

Mientras tanto el gobierno americano, a pesar de contar con todos esos recursos, recién ahora sale a comprar insumos para los hospitales, porque ellos ya están colapsados. A tal punto que no sólo faltan respiradores, sino hasta mascaras para proteger a los médicos y enfermeros a la vez que no se puede saber quién está infectado, y quien no, porque son muy pocas las personas testadas.

Que el gobierno americano, así como la amplia mayoría de los gobiernos del mundo, recién ahora estén intentando comprar materiales hospitalarios no se debe a una supuesta “ignorancia” sino a la política consciente que tuvieron desde hace años de desarmar los sistemas públicos de salud y a la orientación que aplicaron en un primer momento para enfrentar la pandemia, lo que ahora está cambiando, pero sólo parcialmente.

Un genocidio está en marcha

Existe prácticamente unanimidad, entre los científicos de todo el mundo, que la política conocida como de “no hacer nada” para así dejar que la población se contamine con el virus y, de esa forma, la mayoría ganar inmunidad, provocaría la muerte de muchos millones de personas, fundamentalmente por el colapso que se provocaría en los sistemas de salud de los diferentes países  a partir del cual los enfermos más graves, del Covid-19, morirían por no poder ser atendidos, y lo mismo ocurriría con pacientes con otras enfermedades graves.

Por el contrario, con la política conocida como “supresión”, en la cual se utiliza una combinación de aislamiento social, cuarentena y test masivos, las pérdidas humanas serían, cualitativamente menores.

El problema es que este último tipo de políticas afectaría mucho la “economía”. De allí que se haya tornado tan actual el dilema ¿Que es más importante, la economía o la salud?

Las masas, de todo el mundo, no han tenido dudas. Han optado por la salud o, para ser más precisos, han optado por la vida, pues es de eso que se trata. Por el contrario los capitalistas han optado por defender sus negocios a costa de la vida de millones y millones de personas, aunque muchos estén defendiendo esta política con el hipócrita discurso de “defender la salud”.

El gobierno Trump, de los EE.UU, así como los gobiernos del Reino Unido, Holanda, México, Brasil, Francia y muchos países más, en un primer momento, defendieron  la política de “No hacer nada”, con el mentiroso discurso de que la pandemia del coronavirus no existía o se trataba de una “gripecita”. Una política muy similar a la aplicada en 1918 cuando los EE.UU defendieron lo mismo, con el mentiroso argumento que la gripe sólo existía en España. Fue por haber defendido esa política, frente a la actual pandemia, que los EE.UU, y la mayoría de los otros países, no se prepararon para enfrentar el Covid-19.

Pero esa política fue abandonada por la mayoría de los países, fundamentalmente a partir de la repercusión mundial que tuvo la cantidad de muertos en Italia, España y en el propio EE.UU pues los gobiernos seguramente temieron posibles revueltas cuando las masas comprobasen que no se trataba de una “gripecita”.

Pero la nueva política de Trump y del resto de los gobiernos, una nueva vez no fue la de “supresión”.  Ahora la mayoría de los gobiernos están dedicando recursos a la salud y están tomando medidas más contundentes, como es el del “aislamiento social” sólo que, en la mayoría de los países, tal aislamiento no llega a las fábricas , que continúan trabajando, así como el transporte, de tal forma que los obreros, obreras y sus familias quedan expuestas al contagio a la vez que donde se toman este tipo de medidas, limitadas, buena parte de los empresarios e inclusive los presidentes de los países, presionan para acabar rápidamente con ellas.

Trump anunció su cambio de política para los EE.UU diciendo que si no hacían nada (su política anterior) morirían más de 2 millones de personas mientras que, con la nueva política, “sólo” morirían entre 100.000 y 200.000 (cantidad que es cuestionada para varios científicos)

Pero, lo que no dijo Trump, es que con las medidas limitadas que está tomando, son los sectores más pobres de la población los que van a ser más afectados. Actualmente, en los EE.UU, son los negros los que más están muriendo. Así en la ciudad de Chicago, en donde ellos son el 30% de la población, llegan al 70% entre los muertos.

Si eso es así en los EE.UU da para imaginar lo que va a ocurrir cuando la pandemia llegue con fuerza a los países más pobres de América Latina, África y Asia.

La pandemia, hasta el momento, ha llegado con fuerza sólo a los países más ricos y ya hay en el mundo 2 millones y trescientos mil infectados y 158.000 muertos. Sólo que, en esos esos países, los “grupos de riesgo” (mayores de 60 años y/o con enfermedades graves preexistentes) son una minoría de la población.

¿Pero qué va a pasar cuando llegue a los países más pobres en donde la mayoría de sus poblaciones están en situación de alto de riesgo?

¿Qué va a pasar cuando llegue a un país como la República Democrática del Congo, de 80 millones de habitantes, en donde la mayoría sufre de desnutrición? O ¿Qué va a pasar, cuando llegue a la Republica Centro Africana, que tiene cinco millones de habitantes y sólo tres respiradores mecánicos en todo el país?

Lo que va a pasar es que amplios sectores de esas poblaciones serán exterminados. Un verdadero genocidio. Y no sólo en esos dos países

Los informes oficiales, de la OMS y de la ONU, muestran como es el mundo capitalista de 7.000 millones de habitantes. La mayoría de los países están en una situación de alto riesgo frente a la pandemia porque 2.000 millones de personas habitan en viviendas precarias; 2.400 millones no tiene saneamiento básico en sus casas; 2.000 millones no cuentan con electricidad, 1.100 millones no tienen acceso a agua potable; 821 millones de personas son desnutridas; 2.600 millones no tiene baños en sus casas y por fin existe un déficit de 5 millones de enfermeros.

Ese es el mundo real, el mundo capitalista, por eso el Covid 19 va provocar un genocidio en la mayoría pobre del planeta.

¡Que actuales suenan, ante esta situación, las palabras de Marx! “He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad… Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia, ni aun dentro de su esclavitud…”[5].

Guerras y revolución

Los gobiernos, y la prensa internacional, identifican a la lucha contra la pandemia como una “guerra”, y tienen razón. Se trata de una guerra, no por la forma, pero si por las consecuencias catastróficas, en especial para las masas de todo el mundo y particularmente, como en toda guerra, para los más pobres y desamparados.

Esta guerra, contra el Covid-19, se parece con las guerras mundiales, aunque, en este caso, es mucho mayor por su extensión ya que de ella están participando 188 países, de los 193 que existen.

Pero, para ser más precisos, tendríamos que compararla con aquellas guerras en donde los soldados van a la lucha, tan mal armados que, desde un primer momento, son masacrados por el enemigo como ocurrió con la Rusia de los zares, durante la Primera Guerra Mundial. Y también la podemos comparar con aquellas guerras justas, como la de las Malvinas, de Argentina contra Inglaterra, que tienen a su frente una dirección tan reaccionaria que, siendo cobarde para enfrentar al enemigo, se muestra muy “valiente” para enfrentar a sus propios soldados, los cuales son humillados, castigados y hasta torturados.

En esta guerra toda la prensa destaca, sorprendida, las acciones de solidaridad y de valentía que surgen de las diferentes poblaciones del mundo.

En todas partes los trabajadores de la salud son llamados, con justa razón, de “héroes” y son frecuentemente homenajeados por la población, porque van a la guerra, sin armaduras para defenderse y con pocas armas para atacar al enemigo y no por eso desertan.

Sus condiciones de trabajo son tan precarias que los que ya se han contaminado, se cuentan por decenas de miles. Sólo en Italia ya son 14.000 a la vez que, en ese país, ya murieron más de 130 entre médicos y enfermeras.

A pesar de eso, cuando algunos gobiernos convocan a médicos y enfermeras, para ir a la línea de frente, son decenas de miles los que responden al llamado y lo mismo ocurre cuando son convocados voluntarios para otras tareas.

Otro tanto ocurre con el resto de trabajadores de los “servicios esenciales”. Ellos cumplen, con orgullo, sus funciones (nadie deserta) a pesar de saber de los riesgos que corren de ser contaminados

En los barrios de muchos países, miles de jóvenes se arriesgan a ir a hacer las compras para los ancianos, refugiados en sus casas, a la vez que otros tantos millares, de todas las edades, juntan comida para entregar a los más necesitados. Así hemos visto extenderse este tipo de comportamiento, en el interior de los barrios pobres de Santiago de Chile y en las favelas brasileras de São Paulo y Rio de Janeiro.

En la medida que más crece la pandemia, la solidaridad humana, en especial entre los sectores más pobres, se extiende como un reguero de pólvora.

Esta solidaridad humana contrasta, visiblemente, con el egoísmo típico de los empresarios, y de sus gobiernos, preocupados, en primer lugar, con sus negocios.

El caso ya citado, del aislamiento social, con las fábricas trabajando a pesar de no hacer parte de los servicios esenciales, es una muestra de ese egoísmo de clase.  Y otro tanto ocurre con la fabricación de los respiradores mecánicos, un instrumento insustituible para salvar la vida de los pacientes más graves. Sin ellos, millones de personas, inevitablemente, van a morir. Sin embargo, en una buena parte de los hospitales del mundo tales instrumentos no existen o son completamente insuficientes.

Al principio los respiradores no existían por que los gobiernos, por las razones que hemos dado, no se prepararon y actualmente porque los empresarios, que fabrican esos aparatos, están “haciendo el negocio de la China” con la venta de los mismos y están cobrando precios astronómicos y sólo los venden con el pago anticipado.

Para tener una idea, un aparato que es relativamente simple, que tiene un precio de costo de aproximadamente 400 dólares, en el inicio de la pandemia estaba siendo vendido a 9.000 dólares y actualmente los precios llegan hasta 40.000 dólares.

Los gobiernos dicen: “estamos en guerra” pero no hacen lo que cualquier gobierno haría en una guerra convencional, que es colocar la producción de las fábricas al servicio de las necesidades de la guerra. En este caso tendrían que obligar a los empresarios a fabricar ventiladores pulmonares y entregarlos a los gobiernos al precio de costo.

La única “excepción” fue el gobierno de los EE.UU que, apelando a una ley de la época de la guerra de Corea, obligó a la General Motors a fabricar 30.000 ventiladores. Sólo que la empresa quería cobrar precios tan absurdos que hasta el propio Trump reclamó públicamente. Al fin, después de un mes de negociación, la GM se comprometió a fabricar los ventiladores al “módico” precio de 16.000 dólares cada uno (el precio de costo, según la GM) y el gobierno aceptó. Pero, como el gobierno no estaba preparado y la negociación demoró mucho tiempo, la empresa recién va a entregar los ventiladores en el mes de junio.

En los EE.UU ya murieron 38.000 personas, muchas por falta de ventiladores. ¿Cuántos más habrán de morir hasta el mes de junio? Si esta es la situación con los ventiladores, en los EE.UU, es posible imaginar cómo será en sus colonias y semicolonias. El capitalismo mata.

Los gobiernos capitalistas se muestran incapaces de garantizar una verdadera cuarentena, de garantizar normas de higienes para el conjunto de la población, de hacer test masivos, de producir ventiladores pulmonares para salvar  millones de vidas, de garantizar máscaras y guantes, como mínimo para todos los médicos y enfermeras y, muchas veces, son incapaces hasta de garantizar un entierro digno para las personas como se ve actualmente en la ciudad de Guayaquil y en las fosas comunes en la ciudad de Nueva York, el centro del imperialismo. Y la pandemia aún está en sus comienzos.

De esta forma los gobiernos capitalistas muestran, ya de entrada, que son incapaces de ganar esta guerra. Sus mezquinos intereses de clase se lo impiden. De tal manera que, frente a la impotencia de la burguesía, millones de personas morirán, en todo el mundo, victimas del Covid -19, a la vez que millones de sobrevivientes se sumaran a los millones que actualmente están desempleados en todo el mundo. Por lo pronto, ya en la mayor potencia capitalista, los EE.UU, en las cuatro últimas semanas despidieron a 22 millones de trabajadores.

Existían todas las condiciones de ganar esta guerra contra el Covid-19 para eso bastaba que la disposición y solidaridad, que las masas están manifestando, en defensa de la vida, se juntase con la misma disposición de los gobiernos. Pero eso es imposible porque, en esta guerra, a diferencia de las convencionales, lo que está en juego, en primer lugar, es la vida de millones de personas pobres y, para los actuales dueños del poder lo que está en juego, en primer lugar, son sus negocios.

Para ganar esta guerra era necesario que al frente de los diferentes países estuviesen los mejores representantes de esas masas que están dispuestas a enfrentar la pandemia hasta el final. Al respecto es bueno recordar lo ocurrido en Rusia, a partir de 1918 con otra epidemia.

En Rusia surgió una fuerte epidemia de tifus, una enfermedad que es trasmitida por los piojos que asolaban Rusia por la destrucción y miseria generada por la Guerra Civil. Esa epidemia contamino a 25 millones de personas y mató a 3 millones. Pero la guerra contra los piojos y el tifus fue tomada como una tarea central por el gobierno, que había surgido con el triunfo de la revolución, el cual se juntó a las masas y por medio de campañas en defensa de la higiene, la construcción de una gran cantidad de hospitales y de servicios médicos en el interior de las fábricas, la epidemia pudo ser controlada y así se pudieron salvar muchos millones de vidas

Hay un discurso de Lenin, del año 1919, que es bien expresivo sobre esa lucha del gobierno junto con la población.  “…los piojos y el tifus están derribando a nuestras tropas… A esto decimos: ‘Camaradas, debemos concentrar todo en este problema. ¡O los piojos vencerán al socialismo, o el socialismo derrotará a los piojos!… Es necesario que cada trabajador, cada organización, cada institución tenga esto en cuenta en cada reunión. Si dedicamos todos nuestros esfuerzos a eliminar el tifus en Rusia, que proviene de la falta de cultura, de la pobreza, el atraso y la ignorancia. Si dedicamos para esta guerra sin sangre, toda la fuerza y experiencia obtenidas en una guerra sangrienta, podemos estar seguros de que lograremos éxitos cada vez mayores en este trabajo.”

Pero lamentablemente no son los trabajadores en lucha, como ocurría en la Rusia de 1918, los que hoy están al frente de los diferentes países por eso, la combinación de la pandemia, junto con la recesión económica va a dar origen a importantes cambios en el mundo. El mundo se va a parecer a aquellos países arrasados por una guerra. Con fábricas cerradas, con muchos millones de nuevos desempleados, de desnutridos, de refugiados. Con importante aumento de la violencia urbana y también de suicidios.

El Covid-19 está ganado una batalla detrás de otra, y si eso continúa así, llevará a una casi inevitable derrota de los explotados y oprimidos del mundo. No podemos negar esta posibilidad, o… más bien, esta realidad, a no ser que el virus, de un día para otro, sufra una mutación, como sucedió con la gripe española[6], y la pandemia se transforme en una “gripecita” como le gustaría a Trump. O que los científicos descubran algún medicamente que pueda curar a las personas contaminadas. Pero, si estas hipótesis, bastantes improbables, no se dan, el capitalismo, una nueva vez, va a cometer un crimen de grandes proporciones contra la humanidad.

¿Y qué podemos esperar a partir de esta derrota? ¿Cómo las masas reaccionaran ante ella?

A los que le gusta analizar la realidad a partir del “sentido común”, seguramente llegarán a la conclusión que detrás de una gran derrota, inevitablemente, vendrán nueva y nuevas derrotas. Sin embargo, la lucha de clases, normalmente, no es muy amiga del sentido común.

Sobre el futuro, a partir de una nueva realidad que está surgiendo, nada puede ser descartado.

Sólo podemos tener dos certezas. La primera es que muchas cosas van a cambiar y la segunda es que, como siempre, la lucha de clases va a tener la última palabra

Por lo tanto, no podemos descartar que las masas no respondan a este ataque. O que respondan y sufran una derrota histórica (aquellas que se mantienen por décadas), lo que podría llevar incluso a la generalización de regímenes fascistas.

Sin embargo, por la comparación que estamos haciendo con una gran guerra, no nos parece que esto sea lo más probable.

Las guerras, por tratarse de una situación en que las masas se ven obligadas a asumir una lucha por la vida o la muerte, lleva al extremo todas las contradicciones sociales y eso hace que los procesos anteriores sean potencializados de tal forma que, normalmente, una semana de guerra, equivale a más de un año de lucha de clases.

Cuando se inició la Primera Guerra Mundial, en donde millones de obreros, campesinos y populares, fueron obligados a ir a matar a sus hermanos de clase, de los otros países, estaba comenzando la peor derrota de la historia de la clase obrera mundial, reforzada por el hecho que fueron enviados, a matar o morir, por las direcciones de sus partidos obreros, de la Segunda Internacional.

Esta guerra, desde el punto de vista de las masas, sólo tuvo derrotados. Diez millones de muertos a los que se le sumó, como mínimo, 50 millones más por la “gripe española”.

Sin embargo, Lenin, al poco tiempo de haber comenzado la guerra, dijo que en Europa se había abierto una situación revolucionaria y, en el medio de las atrocidades de la guerra, decía, en 1916: “Europa está preñada de una revolución[7]

Esta posición de Lenin, seguramente debe haber aparecido, para muchos en su época, que no pasaba de un delirio, pero la historia confirmó que él tenía razón. Pues la existencia de la guerra, fue un elemento cualitativo, para que se diesen una serie de levantes revolucionarios, en el interior del ejército del Imperio Austro Húngaro, en Francia, en Alemania, en Rusia, en Italia, en Inglaterra y fue justamente en ese contexto que se dio el triunfo de la más grande revolución de la historia, la Revolución Rusa.

Esto es conocido, pero no es tan conocido, hasta qué grado la guerra fue el factor cualitativo para que los soviets tomasen el poder en Rusia como lo muestra el siguiente hecho: En el interior el Partido Bolchevique, en los momentos decisivos, había muchas dudas e inseguridad sobre sobre la propuesta de Lenin de que los soviets tomasen el poder. Y, para vencer esas dudas, fue decisiva la posición de varios batallones de soldados que estaban en el frente de batalla. Pues ellos no sólo defendían, que los soviets tomasen el poder, sino que plantearon que, si no lo hacían, ellos marcharían, con sus armas, hasta San Petersburgo, para ocupar el soviet. Es que para los soldados, la consigna de “Paz”, de los bolcheviques, era la diferencia entre la vida y la muerte.

Sobre el papel de la guerra, unos pocos meses antes del triunfo de la revolución, Lenin decía: “Si no hubiese habido guerra, Rusia habría vivido quizás años, o incluso décadas, sin revolución contra los capitalistas[8]

Y sobre este mismo tema Trotsky escribió: “No en vano la guerra ha sido muchas veces en la historia la madre de la revolución[9]

Aparentemente ahora estaríamos en una situación diferente pues varios gobiernos, después de haber cambiado de posición y ponerse al frente de la guerra contra el Covid-19, se han fortalecido. Como es el caso de Trump en los EE.UU, Fernández en la Argentina o los gobernadores en el Brasil.

Pero esto no nos puede engañar. Normalmente, en el inicio de todas las guerras, los discursos mentirosos, de los líderes capitalistas, consiguen convencer a las masas. En la Primera Guerra Mundial también fue así. En los inicios un sentimiento patriótico tomó cuenta de las masas de los diferentes países, las cuales se agolpaban en las calles para saludar a los jóvenes soldados que marchaban rumbo a la guerra.

Cuando comenzó la guerra Trotsky estaba en Austria y pudo presenciar el fervor patriótico de la nación y sacó la siguiente conclusión: “La movilización y la declaración de guerra parecen haber borrado en el país, por el momento, todos los antagonismos sociales y raciales. Pero eso no es más que un respiro histórico, una especie de moratoria política por decirlo así. Las circunstancias han cambiado la fecha del vencimiento de la letra, pero ya llegará la hora de cobrarla[10]

La pregunta ahora es: ¿Llegará el momento en que las masas del mundo comiencen a pasarle la cuenta a los gobiernos capitalistas por su responsabilidad en el genocidio?

¿Con la actual guerra contra la pandemia, en el medio de la recesión económica, de alguna manera, se repetirá lo que ocurrió en Europa durante, y al final de la Primera Guerra Mundial? ¿Se estará abriendo un periodo de grandes enfrentamientos, de clase contra clase? ¿Caerán gobiernos e incluso regímenes? ¿Podremos presenciar estallidos revolucionarios e incluso revoluciones? ¿La clase obrera y otros sectores populares, podrán dar saltos en su organización sindical y política? ¿Las pequeñas organizaciones revolucionarias, que hoy existen, podrán tener un importante desarrollo?  ¿La clase obrera, junto con sectores populares, podrá llegar a tomar el poder en algún país?

Estas preguntas, por ahora, no tienen respuesta. Lo que sí sabemos es que todos los gobiernos están preocupados con la posible reacción de las masas y se están preparando para eso. Han hecho una serie de concesiones para evitar lo peor, como haber cambiado de política para enfrentar el Covid-19 aunque sea un cambio completamente insuficiente, incapaz de evitar el genocidio. Están dando ayudas a los sectores más necesitadas. Que también son completamente insuficientes ya que sólo van a ser por tres o cuatro meses mientras que la recesión económica va ser por mucho tiempo. Por otro lado, con el pretexto de disciplinar a las personas, para combatir la pandemia, en los diferentes países se torna cada vez más frecuente la presencia de policías y militares haciéndose cargo de la situación con el evidente objetivo de actuar, en el futuro, frente a las posibles explosiones de las masas.

Por su parte las masas, en parte atemorizadas, también confundidas y en una gran medida recluidas en sus casas, comienzan a expresar algunas reacciones que muy posiblemente aumenten cuando el genocidio se torne una realidad y la máscara del capitalismo comience a caer.

Una nueva realidad mundial, en todos los terrenos, se está gestando y sus contornos estarán determinados, en última instancia, por el enfrentamiento de los intereses entre todas las clases y sectores de clase.

Grandes acontecimientos generan grandes cambios y los grandes acontecimientos que estamos presenciando, la pandemia del Covid-19, que va a provocar un genocidio y la recesión económica, que se puede transformar en una depresión, inevitablemente habrán de generar nuevos e importantes cambios.

Esto coloca a los revolucionarios, a los marxistas, frente a un gran desafío, que es llegar a una profunda comprensión de la nueva realidad que se está gestando para, a partir de allí, sacar las conclusiones prácticas, que de ellas se desprende y así dar pasaos en dirección a una sociedad socialista que pueda liberar a la humanidad del capitalismo.

Es un desafío muy difícil en donde, la mayoría de los marxistas, en similares situaciones anteriores, han fracasado.

Fue así frente a los grandes cambios ocurrido a partir de la Primera Guerra Mundial, de la Segunda Guerra Mundial y de los procesos del Este Europeo, de restauración y revolución.

Sólo un pequeño número de dirigentes revolucionarios, en donde se destacan las figuras de Lenin y Trotsky, pudieron comprender, en profundidad, el significado de la nueva realidad que se había creado con la Primera Guerra Mundial y a partir de allí pudieron sacar las conclusiones prácticas. Sin esa comprensión, el triunfo de la Revolución Rusa, hubiese sido imposible.

Es justamente por eso que los marxistas, para intentar comprender una nueva realidad que se ha comenzado a gestar, deberemos apoyarnos en las elaboraciones de ellos por más que correspondan a realidades diferentes. Pero con eso no basta. Sólo interviniendo, en los procesos actuales de la lucha de clases, por más incipientes que sean, podremos avanzar en construir el programa que no tiene otro objetivo que el de encontrar el camino de las masas y así construir la dirección revolucionaria sin la cual, la victoria de los explotados y oprimidos, será imposible.

Notas:

[1] Marx y Engels, Frase del Manifiesto Comunista, del capítulo “Burgueses y proletarios”

[2] Triple Entente, acuerdo militar entre Francia, Reino Unido y el Imperio Ruso al que posteriormente se sumó Italia y los EE.UU

[3] Se considera que hay una recesión cuando el PIB (Producto Bruto Interno) de un determinado país, de una región o del mundo es negativo por dos trimestres consecutivos

[4] No existe un criterio único para determinar cuando existe una depresión. Algunos economistas consideran que ocurre cuando la caída del PIB es mayor que el 10% o cuando la caída del PIB se mantiene por más de tres años.

[5] Ídem.

[6] El virus de la gripe española, en sus inicios, era muy poco letal sólo que, en marzo de 1918, sufrió una mutación que hizo que en pocos días matase millones de personas y, a posteriori, una nueva mutación lo transformó en un virus bastante inofensivo y así acabó la pandemia

[7] Lenin, citado por Jean-Jacques Marie en su libro “Lenin”, Editora POSI, pág. 138

[8] Lenin, Obras Completas, tomo 32, pág. 31

[9] León Trotsky, “Mi vida”, pág. 183, Editorial Pluma

[10] Idem, pág. 184

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