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La clase obrera y la cuestión mapuche

La clase obrera y la cuestión mapuche
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La desaparición de Santiago Maldonado en el marco de la pelea de los mapuches por sus tierras, ha puesto a la orden del día el debate sobre el programa hacia el pueblo mapuche. Para muchos podrá parecer un tema poco relevante, ya que afecta a un sector muy minoritario de la población argentina. Pero no lo es.

La necesidad de que la clase obrera asuma un programa de defensa y solidaridad con la lucha de los pueblos originarios, es muy evidente en países como Bolivia o Perú –en que la composición mayoritaria de los trabajadores es de descendencia quechua, aymara u otras etnias amerindias – o incluso en Chile, donde teniendo menor peso, la lucha mapuche tiene larga tradición, sobre todo en el sur.

Sin embargo, la clase trabajadora necesita asumir como propio el enfrentamiento a toda opresión. No solo por un criterio de justicia, democrático o solidario, sino por propio interés. Es así, porque los obreros necesitan ganar a la mayor parte de la población pobre y los sectores oprimidos para enfrentar a sus enemigos –el imperialismo y la burguesía nacional-, como condición para poder derrotarlos.

Más aún, la revolución argentina es parte de la revolución socialista latinoamericana, para la cual el problema de los pueblos originarios es decisivo.

La perspectiva de las clases sociales

Para responder a la cuestión, no podemos basarnos en el enfoque capitalista, donde todo –incluso la “Conquista del desierto”- se justifica en nombre de la ganancia. Ni tampoco en visiones de sectores medios, incluso de los indigenistas, que toman como única referencia las reivindicaciones de los pueblos originarios. Necesitamos considerar el tema desde el punto de vista de las necesidades fundamentales del conjunto de la clase obrera, en la perspectiva de la revolución socialista.

En nuestro país, existen diferentes pueblos originarios, que pelean por la tierra y la defensa de su nacionalidad (o pueblo-nación)1. Una parte mayoritaria de sus descendientes están integrados a las clases trabajadoras o pobres urbanas. Las migraciones internas a lo largo del siglo XX atrajeron millones hacia el Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y otras áreas urbanas, en busca de mejores condiciones de vida.

En el caso de los mapuches, un sector fundamental está asentado en las grandes localidades de la Patagonia, y trabajan en la actividad minera, petrolera, frutícola y otras.

Otro sector sigue viviendo en las zonas cordilleranas, de manera permanente o estacional. Desde el punto de vista social, son sectores semiproletarios –que trabajan estacionalmente en la esquila o la cosecha de la fruta en el Alto Valle de R. Negro- y otros son pequeños campesinos, muy humildes, que producen para el autoconsumo o para el mercado interno, o ligados al turismo.

Estos últimos son los que con mayor fuerza reivindican la tierra. Los mapuches y otros, como todos sabemos, sufrieron la Conquista del Desierto, un genocidio a través del cual fueron despojados de sus tierras para entregarlas a terratenientes ligados a la oligarquía argentina o extranjeros –sobre todo ingleses- en el siglo XIX2. Ahora sufren un segundo gran despojo, producto de la extranjerización de enormes áreas para actividades extractivas –petróleo, gas, minería-, o para latifundios de transnacionales como Benneton o Lewis, el inglés amigo de Macri.

Es decir, en un país que sufre la colonización de las transnacionales imperialistas como el nuestro, ellos son dobles víctimas. Son víctimas junto al conjunto de la población argentina en su lucha contra la extranjerización de la tierra y los recursos naturales, a lo que suman el despojo histórico a que fueron sometidos por el Estado argentino, y que aún perdura.

Desde este punto de vista, su lucha por la tierra –no solo en los términos de la Ley 26.1603 ni de la reforma constitucional de 19944, sino de extensiones más amplias-, es justa, y coincide, es parte, de la pelea de toda la clase obrera y el pueblo argentino por echar a las multinacionales que saquean nuestros recursos y destrozan el medio ambiente. Es decir, como campesinos pobres los mapuches son aliados naturales de la clase obrera. Y debemos apoyar su reivindicación de expropiación a los latifundistas y amplia reforma agraria5.

Como clase social, como pequeños campesinos o semiproletarios que reivindican la propiedad de la tierra, los trabajadores debemos apoyar ese derecho incondicionalmente, y luchar junto a ellos por la expropiación de los grandes territorios. Y sobre esa base, otorgar lotes para una digna subsistencia, mientas los sectores fundamentales para el conjunto del país – Vaca Muerta, yacimientos y minas, acuíferos- deben ser nacionalizados bajo control de los trabajadores y la población.

La opresión nacional de los mapuches

Pero la lucha de los mapuches no es solo socioeconómica, por la tierra, sino nacional-democrática, por la defensa de su pueblo-nación. En ese sentido, el derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche –y de los demás pueblos originarios- debe ser apoyado6.

Hay quienes objetan el carácter de “nacionalidad oprimida” de los pueblos originarios, en especial de los menos numerosos. Es claro que hay muchas diferencias entre el caso Mapuche y, por ejemplo, Cataluña o Irlanda, nacionalidades mucho más desarrolladas y con territorio demarcado. Sin embargo, no coincidimos con esa objeción.

Es el derecho a su lengua, sus costumbres, su propio gobierno y religión, etc., en combinación con su propio territorio y sus propias formas de propiedad, que aunque contradigan las leyes de la República Argentina deben ser garantizadas. Varios países –Bolivia, por ejemplo- tienen constituciones “multiétnicas”, o “pluriétnicas”, que garantizan algunos de esos derechos. Sin embargo, jamás el capitalismo –con cualquier gobierno- será capaz de respetar realmente esa autodeterminación. Lo demuestra el caso de Evo Morales, que después de sancionar su constitución, y presentando él mismo como parte de los pueblos originarios, reprimió brutalmente a los pueblos de Tipnis7, para no desviar unos kilómetros el tendido de una carretera que convenía a los capitalistas.

En ese sentido, el movimiento revolucionario de la clase obrera tiene una extensa y gloriosa tradición de defensa de la autodeterminación de los pueblos. Así lo enseñan las lecciones de Marx, Lenin y Trotsky, no solo en el terreno de la teoría, sino de la práctica desde el gobierno de la URSS.

No coincidimos con impulsar la separación o independencia de un Estado mapuche, que sería un retroceso para el propio pueblo mapuche. La plena autodeterminación puede y debe concretarse al interior de un solo estado, dirigido por la clase trabajadora y al servicio de todos los sectores oprimidos. Esa es la política que siempre defendieron los revolucionarios ante la cuestión nacional.

Sin embargo, la defensa del derecho de autodeterminación no es completa si no defendemos a la vez el derecho a la separación y la independencia. Es decir, aunque no es nuestra política –no defendemos la independencia sino el derecho a la independencia-, en caso de que efectivamente el conjunto o la gran mayoría de los mapuches –de Chile y Argentina- defendieran la conformación de un Estado propio, y la separación de los actuales estados, deberíamos apoyarlos. Pero no es el caso. La inmensa mayoría de los mapuches no defienden eso, sino la autodeterminación en el marco del Estado argentino. Y menos lo harán en caso de que avancen sus conquistas en el terreno de la autodeterminación8.

Hay mucha confusión, porque desde el gobierno e incluso de otros sectores se ha puesto en discusión que “los mapuches quieren hacer otro país”. Eso no es así. Pero si lo fuera –sobre la base de una amplia y democrática decisión, ¿por qué no aceptarlo? El argumento de que es territorio argentino hace más de 100 años, no es válido. Reivindicamos la soberanía argentina sobre las Malvinas, que hace mucho más que eso están en poder de Inglaterra.

Pero repetimos, lo que ahora está en discusión no es la “independencia” ni un “Estado mapuche”, sino el derecho a la mayor autodeterminación y a un territorio propio. Como dijimos antes, la clase obrera necesita ponerse a la cabeza del conjunto de los sectores oprimidos en la lucha por la segunda independencia argentina del imperialismo norteamericano. Para hacerlo, debe asumir –desde su propio programa e intereses- las reivindicaciones progresivas de otras clases y sectores oprimidos.

Es un hecho que hasta ahora, la clase obrera argentina –bajo la dirección de partidos patronales y la burocracia sindical- está en deuda en este sentido. Es una necesidad ubicar la cuestión nacional de los pueblos originarios entre las tareas de los trabajadores hacia la revolución argentina y latinoamericana. Y esa tarea debe partir del repudio a la Conquista del Desierto, la defensa de la autodeterminación del pueblo mapuche y la reparación por parte del Estado de las consecuencias de la larga opresión, comenzando por el derecho a un territorio. Lo que lleva a la más amplia unidad de acción con el pueblo mapuche para expropiar a los latifundistas extranjeros y nacionales, por el derecho a la tierra y por la nacionalización de los recursos naturales.

La cuestión represiva

En este marco, se han intensificado todo tipo de acciones represivas y persecutorias contra las comunidades. Los ataques a viviendas, las prisiones ilegales y los atropellos, cuya expresión más brutal es el caso Maldonado, se suceden constantemente. Y está demostrado que los agentes de Bennetton y demás terratenientes financian a las fuerzas represivas y son quienes están dirigiendo las operaciones. Al punto que los funcionarios estatales como Nocetti, que dirigió la represión de Gendarmería que desapareció a Santiago, dormía en dependencias de esas estancias.

Junto a la reivindicación de la tierra y la autodeterminación, los trabajadores debemos luchar por el cese inmediato de las persecuciones, la aparición de Maldonado, el juicio y castigo a todos los represores. Que Gendarmería no puede actuar en la represión interna, y menos al servicio de los gringos que se llevan nuestra riqueza. Los usurpadores no son los mapuches, sino las petroleras, mineras y latifundistas imperialistas que saquean nuestras riquezas.

Debemos pronunciarnos por la inmediata salida de la cúpula de Gendarmería, y de la Ministra Bullrich, en el marco de la lucha por el desmantelamiento del aparato represivo. Y por el derecho a la autodefensa de las comunidades contra la represión estatal al servicio de los capitalistas.

Esa lucha hace parte del enfrentamiento de la clase obrera y el pueblo argentino contra el aparato represivo, que se mantiene intacto desde la última dictadura.

Las corrientes indigenistas

Existen distintas organizaciones que representan al pueblo mapuche. Tienen diferente naturaleza, y distinta relación con el Estado. Muchas de ellas han sido manipuladas por los diferentes gobiernos capitalistas, e incluso cooptadas. Otras tienen carácter independiente.

Muchos de los sectores más progresistas, y sensibles a la lucha contra la opresión, tienen un enfoque “indigenista”. No coincidimos con ese enfoque, porque es parte de una ideología burguesa o pequeño burguesa. La vuelta a relaciones sociales, económicas, políticas y culturales propias de períodos históricos anteriores es una utopía que choca con las necesidades e intereses de los propios pueblos originarios.

Más aún, esa ideología es parte de una política de sectores de la burguesía, que fragmentan la lucha contra las diferentes opresiones, dando a entender que su solución es posible en el marco del capitalismo y la conciliación de clases. Así como hay una teoría del “empoderamiento” de la mujer, también la hay sobre los pueblos originarios. Es una ideología reaccionaria, porque intenta convencer a los oprimidos que cada sector debe luchar por separado, en lugar de explicar pacientemente que todas las luchas contra las opresiones, democráticas, nacionales y antimperialistas, deben integrarse en un combate común encabezado por la clase obrera, para terminar con toda explotación y opresión, es decir, por la revolución socialista.

Es más, muchas veces esa ideología es manipulada en los roces entre diferentes sectores patronales. La clase obrera debe tender a la unidad de acción cuando está planteada –por ejemplo en este caso por la expropiación de los latifundios, en especial extranjeros-, pero sin abandonar su independencia incluso al interior del sector oprimido. Por eso, por dentro del pueblo mapuche, estamos por la independencia de los obreros de ascendencia mapuche, y por su unidad más firme con el conjunto de la clase trabajadora, y enfrentados a todos los patrones, incluso a los que defienden el “indigenismo”.

Retomaremos en otro material el debate más profundo ante estas posiciones.

La cuestión del RAM

Entre esas organizaciones, ha surgido una, llamada Resistencia Ancestral Mapuche, de la cual hace parte Facundo Jonas Huala, que se ha radicalizado, y dice luchar por un estado mapuche separado de Chile y Argentina. Circulan diferentes versiones sobre su origen y naturaleza. Y está siendo utilizado por la prensa progubernamental para confundir al pueblo argentino sobre la justicia de la causa mapuche.

Sus métodos son atentados contra la propiedad latifundista, y contra las instituciones. Ese tipo de lucha es históricamente propio de los sectores campesinos. Sin embargo, no vemos en este caso que el RAM represente al conjunto o sectores importantes del pueblo mapuche. Se trata más bien de acciones vanguardistas y ultraizquierdistas de sectores muy minoritarios. No coincidimos con esa manera de defender los reclamos de su pueblo. Para nosotros esa defensa debe ir de la mano de la organización masiva, y la coordinación con la clase obrera y demás sectores oprimidos.

Sin embargo, repudiamos por completo la represión y persecución a este grupo por su ideología y acciones contra las multinacionales. Rechazamos la extradición de Jonas Huala pedida por la justicia chilena, y reclamamos su inmediata libertad. Y repudiamos a la vez la utilización indigna por parte de la prensa y las instituciones patronales de esta situación para criminalizar la justa lucha del pueblo mapuche.

En síntesis

Apoyamos la lucha de los campesinos y semiproletarios mapuches por la tierra y por una reforma agraria que supere completamente la Constitución del 94 y la Ley 26.160. En ese sentido, defenderíamos esa ley (como una ley relativamente progresiva) en caso de que fuera atacada para cercenar los limitadísimos derechos que reconoce. Pero no la apoyamos, y exigimos una legislación muy superior, que parta de la expropiación total de los latifundios.

Nos unimos a ellos en la exigencia de expropiación sin pago de los territorios bajo latifundio –sea extranjero o nacional- y de todas las explotaciones petroleras, mineras, acuíferos, lagos y riquezas geográficas.

A la vez, defendemos el derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche en tanto nacionalidad oprimida. Y los llamamos a la unidad con la clase obrera para luchar por un estado distinto, un estado obrero, que será la condición para esa autodeterminación. Y nos comprometemos como clase a defender esa autodeterminación hasta sus últimas consecuencias, aún si la clase obrera conquistara el poder.

Estamos por la más amplia libertad y organización de los mapuches para resolver, como lo crean conveniente, sus cuestiones nacionales.

Luchamos por el cese de toda represión, en el camino al desmantelamiento del aparato represivo del Estado capitalista. Defendemos el derecho a defenderse de los mapuches, como de cualquier sector explotado u oprimido, contra la represión estatal o paraestatal de ese Estado.

Estamos por la independencia de la clase obrera. Y por la organización de los obreros mapuches en forma independiente a toda organización democrática o indigenista.

Exigimos de las centrales y organizaciones obreras que hagan propia la lucha por estas reivindicaciones.

Estamos por la unidad de la clase obrera para enfrentar al imperialismo, por la nacionalización de todos los recursos naturales, luchar por un estado obrero, y por la revolución socialista nacional, latinoamericana y mundial.

Como partido e internacional, nos ponemos al servicio de la lucha contra la opresión que sufren.

Para eso, llamamos a los trabajadores y el pueblo mapuche a sumarse a la unidad obrera de Latinoamérica, por la segunda independencia. Y por una Federación Latinoamericana de estados obreros, libremente conformada por todos sus componentes.

1 Ver: http://www.lanacion.com.ar/2061530-llega-al-congreso-el-debate-por-8-millones-de-hectareas-que-reclaman-los-aborigenes

2 Ese genocidio se dio después que el pueblo mapuche fue parte de la lucha por la libertad ante la Corona Española: “Dos mil mapuches ayudaron con caballería, ganado y baqueanos al General San Martín en el Cruce de Los Andes. El Parlamento al que citó a los caciques tenía el objetivo además de pedirles permiso para atravesar sus territorios”. (Memorias de Manuel Olazábal, Oficial del Ejército de Los Andes).

3 La ley 26.160 fue sancionada en el año 2006 y frena los desalojos de las tierras comunitarias pertenecientes ancestralmente a los Pueblos Originarios. Dicha ley vence en noviembre del 2017 y está en tratamiento parlamentario su prórroga.

4 “… Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural, reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a

sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.” Constitución de la Nación Argentina Reforma Constitucional 1994 Artículo 75 Inciso 17

5 Nuestro programa no es la reforma agraria, la entrega a los campesinos individuales –aunque en el caso de los mapuches, ellos reivindican la propiedad colectiva, algo así como cooperativa-, sino la nacionalización de la tierra. Pero defendemos el derecho de los pequeños campesinos a disponer y ser propietarios de sus parcelas, en desmedro de la propiedad latifundista, sea extranjera o nacional.

6 En el Cap. XVI La cuestión nacional en Rusia (Historia de la Revolución Rusa, 1932), Trotsky se refiere tanto a Finlandia y Polonia, como a pueblo similares a este caso: “La igualdad de derechos civiles no significaba nada para los fineses, que no buscaban la igualdad con los rusos, sino su independencia de Rusia. (….) No aliviaba en lo más mínimo la suerte de las tribus y de los pueblos atrasados de Asia, mantenidos en el abismo de la carencia total de derechos jurídicos, no por restricciones, sino por las cadenas de una servidumbre económica y cultural. (…)”.

7 Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).

8 “El derecho de las naciones a la autodeterminación significa exclusivamente su derecho a la independencia en el sentido político: el derecho a la libre separación política respecto a la nación que oprime. En términos concretos, esta reivindicación de la democracia política significa una libertad total de propaganda por la separación y la solución del problema mediante un referéndum en la nación que se separa. De modo que esta reivindicación no equivale en absoluto a la de separación, fragmentación y formación de pequeños estados; significa solo una manifestación consecuente de lucha contra toda opresión nacional. Cuanto más próximo el régimen de un Estado a la plena libertad de separación, tanto más infrecuentes y débiles serán en la práctica las tendencias a la separación, pues las ventajas de los Estados grandes son indudables, tanto desde el punto de vista del progreso económico como de los intereses de las masas,…” (Tesis sobre la revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación – Lenín).

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