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La Juventud a la cabeza de las luchas en América latina

La Juventud a la cabeza de las luchas en América latina
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Por Joaquín Zarrabeitia
Asistimos a un proceso de movilización como hacía tiempo no se veía en todo nuestro continente. Desde Argentina y Chile, con impresionantes luchas por el aborto legal y contra la violencia machista, pasando por Brasil y la gran resistencia a los planes de ajuste del gobierno de Temer, llegando a Venezuela y su heroico pueblo que enfrenta en las calles la brutal represión de Nicolás Maduro, para terminar en Centroamérica donde se están dando luchas encarnizadas que no teníamos hace mucho, primero en Honduras, después Nicaragua y en las últimas semanas el pueblo haitiano, nos vienen marcando el camino a los trabajadores y sectores populares sobre cómo enfrentar las políticas de miseria y hambre del imperialismo en todo el mundo. Todo este proceso tiene a la juventud como vanguardia de las luchas, y nos coloca en un gran debate, sobre como profundizar cada una de estas masivas movilizaciones de forma que encontremos un punto de partida para que los gobiernos y empresarios no nos sigan robando el futuro.
La “crisis” nos pega el doble
Los últimos informes de la OIT muestran como el desempleo viene creciendo año tras año en nuestro continente. Y en ese aspecto, la juventud es quien más lo sufre, donde las cifras muestran que 1 de cada 5 jóvenes se encuentra desempleado (20%), afectando a casi 10 millones de pibes y pibas. Pero además, cuando sí tenemos trabajo, estos son generalmente los más precarios y flexibilizados, teniendo que soportar condiciones realmente penosas por salarios que cada vez alcanzan menos y donde la estabilidad a veces no pasa de algunos pocos meses. En ese contexto son las jóvenes trabajadoras que sufren aun más las condiciones de extrema explotación con sueldos promedios todavía más miserables (26% menos) y aun más precariedad en derechos laborales.
Somos obligados muchas veces a dejar nuestros estudios para poder comer y mantener a nuestras familias, ya que conseguir trabajar y estudiar al mismo tiempo es una proeza para pocos, sobre todo para las compañeras que son madres. Y como si ya todo esto no significase una vulnerabilidad terrible para la juventud, en las barriadas obreras y populares, los jóvenes somos los más perseguidos y criminalizados por las fuerzas represivas, buscando hacernos pagar por el solo hecho de ser pobres y trabajadores, o por nuestro color de piel. Y cuando levantamos la cabeza y enfrentamos los ataques muchas veces somos señalados como los peores delincuentes, como con los 23 condenados por participar en las jornadas de Junio de 2013 en Brasil o como le sucede a nuestro compañero Sebastián Romero. E inclusive, a veces lo terminamos pagando con nuestra propia vida, como paso con Marielle Franco, Santiago Maldonado, o los cientos de jóvenes masacrados en la resistencia del pueblo nicaragüense por el régimen de Daniel Ortega.
“Este asunto está ahora y para siempre en tus manos nene”
Parafraseando a una de las bandas más importantes del rock argentino, la juventud se levanta y sale a la lucha, y a partir de ahí, ya nada vuelve a ser como antes. La enorme lucha de las mujeres en Argentina, desde hace unos años, contra la violencia machista que le costaba la vida a miles de pibas, hizo explotar un masivo proceso de movilización pocas veces antes visto. El “ni una menos” se extendió a lo largo de todo el país y después del propio continente, colocando en el centro la terrible situación de la mujer trabajadora, víctima de un estado ausente y opresor, y la potencialidad y fuerza de un movimiento que gritaba fuerte “no nos callamos más”. Este proceso hoy tiene su continuidad con la impresionante lucha por la legalización del aborto, que encontró a cientos y cientos de mujeres en las calles con sus pañuelos verdes, con las más jóvenes a la cabeza, tomando escuelas y universidades, en defensa de su derecho a decidir cuándo ser madres, dando esta enorme pelea junto con sus compañeros. En Chile venimos viendo un proceso similar, de un ascenso enorme contra los femicidios y la violencia machista, que ha despertado masivas movilizaciones, tomas de universidades, mostrando como este sistema podrido es el que se alimenta del machismo y la opresión de la mujer para explotarnos más y mejor.
En Centroamérica, asistimos a un masivo repudio y enfrentamiento contra los gobiernos socios del imperialismo yanqui. Comenzando con el levantamiento del pueblo hondureño ante el fraude electoral del actual presidente JOH y su intento de hacerlo pasar con represión. Ahora, hace algunos meses, estamos presenciando como los estudiantes y el conjunto de los sectores populares nicaragüenses, combaten con barricadas y enfrentamientos directos la brutal represión del gobierno del FSLN, que hace 40 años comando una revolución para tirar abajo la dictadura de Anastasio Somoza, y ahora encarna una propia desde la conducción Ortega-Murillo. Estos, vestidos de “progresistas”, buscan aplicar un feroz ajuste sobre el pueblo trabajador, que, encabezados por la juventud, desde los barrios obreros y las universidades, contesta que va a luchar hasta el final para tirar abajo a este gobierno asesino y hambreador.
Otras luchas importantes en América latina en el último tiempo también tienen a la juventud como vanguardia del proceso, como en Brasil, donde el movimiento estudiantil ocupo cientos de escuelas y universidades en defensa de la educación pública y hoy enfrenta los brutales ajustes del gobierno de Temer y su constante represión hacia los trabajadores que salen a enfrentarlo, o en Venezuela, donde las penosas condiciones de vida de la mayoría de la población se transformo en bronca contra Maduro, y las movilizaciones se han convertido en verdaderos campos de batalla donde el pueblo venezolano, con un gran componente de juventud, enfrenta con lo que puede al ejército y la policía bolivariana, mostrando su disposición para terminar con la violencia represiva y la miseria a la que lo somete el gobierno chavista.
Un debate necesario con el resto de la izquierda
Todos estos grandes procesos de lucha nos muestran que, lejos de haber una situación reaccionaria o un “giro” a la derecha del conjunto de los trabajadores en nuestro continente, como plantean un gran sector de la izquierda castrochavista y latinoamericana, lo que venimos viendo en estos últimos tiempos es cada vez más nuevas generaciones de luchadores, de enfrentamientos directos a los gobiernos de turno y al propio imperialismo, y una gran radicalización en los métodos y las acciones impulsados por la juventud trabajadora y estudiantil, que no está dispuesta a dejarse arrancar sus derechos y conquistas y cuestiona todo este sistema explotador con el que cada vez vivimos peor. Por lo tanto, de lo que venimos siendo participes y testigos, a diferencia de lo que plantean todas estas corrientes de izquierda, es de un verdadero ascenso obrero y popular, que tiene a la juventud como vanguardia del proceso, y que al ignorarlo o desconocerlo, todos estos sectores son funcionales a los ataques de estos gobiernos. Que al mismo tiempo, van cada vez más “a la derecha”, directamente aplicando a rajatabla las políticas del FMI y actuando en servicio de las multinacionales, sea con ropajes de derecha o izquierda, y en el caso de estos últimos, mostrando que a final de cuentas, por más discursos antiimperialistas, su principal tarea es seguir garantizando los intereses patronales.
Y esta cuestión nos plantea un gran debate sobre cuáles son las tareas que los jóvenes debemos asumir en esta actual etapa de polarización y luchas. Nosotros, desde la juventud del PSTU y la LIT-CI, queremos ser tajantes al respecto. No está entre nuestras tareas defender a ninguno de los gobiernos frente populistas que hace años gobiernan contra nosotros, o mientras lo hicieron aplicaron los mismos planes imperialistas en toda América latina, y que hoy ante la resistencia de las masas a estas políticas, reprimen violentamente asesinando a los activistas y luchadores populares que salen a las calles, como venimos viendo en Nicaragua, en Venezuela y otros lugares anteriormente. De la misma manera que no tenemos por qué defender a un gran representante de los banqueros y la corrupción estatal como es Lula, que llego al poder traicionando a la clase obrera brasilera. A su vez, no depositamos ningún tipo de confianza ni apoyo en el nuevo gobierno de López Obrador en México, que va a seguir militarizando las ciudades y acordando con el gobierno de Trump, mientras los jóvenes mexicanos son asesinados por las bandas parapoliciales de los cárteles y el estado, como hicieron con los 43 normalistas de Ayotzinapa. Nuestro lugar es en las barricadas, junto con el conjunto de los trabajadores e independientes de todos los sectores burgueses.
“Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir”
Esta conocida frase, extraída de la novela de Eduardo Galeano “Los hijos de los días” y muchas veces usada de forma oportunista, describe a la perfección como la juventud se lanza y se radicaliza en la lucha contra este sistema capitalista que nada tiene para ofrecernos. Que nos muestra día a día como los jóvenes somos carne de cañón para que los gobernantes y empresarios puedan seguir llenándose los bolsillos a costa de nuestro trabajo y nuestro sufrimiento, pero que al mismo tiempo, nos arroja de cualquier miedo o prejuicio a la hora de luchar, al igual que pasa con la clase trabajadora. Las grandes movilizaciones que se están dando en Latinoamérica tienen este hilo conductor, este desgaste y cansancio con nuestra actual situación, que a la vez es un proceso mundial y nos impone grandes desafíos a los revolucionarios.
Tenemos que impulsar todas estas luchas hasta el final, dando el combate contra gobiernos y aparatos burocráticos a fines a estos. Para conquistar el aborto legal en Argentina y que esta lucha se extienda por todo el continente, para tirar abajo a los asesinos y hambreadores de su propio pueblo como Ortega y Maduro en Centroamérica o Macri y Temer aquí en el Cono Sur, necesitamos unificar las luchas con el conjunto de la clase trabajadora y los sectores populares, con la huelga general como medida para golpear a los explotadores donde más les duele. Necesitamos toda la solidaridad internacional con cada una de las luchas, entendiendo que la victoria del pueblo nicaragüense o venezolano o la legalización del aborto en Argentina nos ponen en mejores condiciones al conjunto de los trabajadores de cada uno de los países latinoamericanos. Pero sobre todo, necesitamos construir una herramienta de lucha, que nos ayude a organizarnos en post de no solo tirar abajo a tal cual o cual presidente, o conseguir conquistas que mejoren nuestras condiciones de vida, sino también buscando esa salida de fondo que necesitamos, un gobierno de los trabajadores, que termine con este sistema explotador y opresor, y organice la sociedad en función de las necesidades de la inmensa mayoría de la población.
La juventud en América latina viene demostrando su disposición para lanzarse por completo a pelear por sus derechos junto a la clase obrera, ya que es solo a través de esta alianza que podemos poner en pie la construcción de una nueva sociedad. Es para toda esta inmensa tarea que nosotros nos ponemos a disposición de todos los jóvenes luchadores, obreros y populares, para dar esta pelea de conjunto y conquistar ese futuro donde podamos disfrutar nuestras vidas plenamente.

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