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Contra la violencia policial, el racismo y la opresión

Contra la violencia policial,  el racismo y la opresión

En diversos países del globo, el pueblo está yendo a las calles contra la opresión. Varias manifestaciones ocurrieron en respuesta a los ataques de Trump a los musulmanes y extranjeros. El enorme rechazo al presidente norteamericano se hizo evidente en manifestaciones gigantescas en los Estados Unidos y en otros lugares del mundo. Mujeres de decenas de países organizan una huelga general para el 8 de marzo. Crece la solidaridad internacional entre los trabajadores. Son muchos los ejemplos recientes de trabajadores que se organizan y se levantan para dar un basta a la explotación, a la desigualdad y a los ataques de los gobiernos. En Francia no es diferente.

El 2 de febrero, en Aulnay-sous-Bois, sin justificación alguna, la policía abordó a cuatro jóvenes negros. Ellos fueron revistados, sufrieron provocaciones racistas y agresiones físicas. Cámaras de seguridad registraron las escenas bárbaras de la cobardía policial. Uno de los jóvenes, Théo Témoigne, de 22 años, fue separado de los demás y violado por uno de los policías que usó una porra contra él. Enseguida, la víctima fue llevada para una delegación y, gravemente herido, fue encaminado para un hospital. En el recorrido hasta la delegación, continuaron las agresiones y las provocaciones. Théo sufrió tantos golpes que llegó en estado grave al hospital, tuvo que ser sometido a una cirugía, y las probables secuelas como consecuencia de la violación aún son inciertas para los médicos.
La violencia sexual sufrida por Théo, tratada inicialmente por los grandes medios como “supuesta violación” a pesar de las imágenes, del relato de la víctima y de los informes médicos, más allá de las provocaciones agrava todavía más los crímenes de odio promovidos por la policía, pues tiene también un contenido homofóbico, ya que el sentido de la relación heterosexual-homosexual es negado, de forma de humillar y desmoralizar aún más a la víctima.
Además, el joven negro también sufrió tortura genital durante el trayecto en el automóvil policial. El hecho se tornó público, generando conmoción internacional y movilizaciones radicalizadas en la ciudad donde ocurrió y también en otras regiones de Francia. La tortura de los jóvenes por la policía desencadenó las protestas porque la juventud de las periferias en Francia no solo quedó indignada sino que está cansada de sufrir con los abusos de la policía, especialmente contra los negros.

Millares de jóvenes fueron a las calles denunciando el caso y exigiendo justicia y el fin de la violencia policial. En diversas ciudades donde hubo manifestaciones ellas fueron reprimidas. En varios enfrentamientos con la policía francesa, centenas de jóvenes fueron detenidos. Quemaron automóviles y casi incendiaron una delegación. Hay muchas consignas en los muros franceses criticando la violencia promovida por el aparato del Estado. Dos de las principales son “sin justicia no habrá paz” y “policías violadores y asesinos”.
Por las redes sociales ganó la solidaridad internacional a los jóvenes, el apoyo a las protestas y el repudio al gobierno francés y su policía, en posteos conteniendo el hashtag #JusticePourTheo (Justicia Para Théo, en francés).

Una de las evidencias del racismo en Francia es la segregación socioespacial en las escuelas. En las periferias hay escuelas con alumnos que son todos hijos de refugiados. Este hecho refleja la situación socioeconómica precaria vivida por los inmigrantes, ya que la discriminación escolar, en un país donde la educación es pública y universal, no puede estar formalmente basada en el origen o la etnia. Estas escuelas perpetúan las desventajas de los hijos de refugiados, que solo tienen acceso al currículo básico, mientras en las escuelas más centrales se ofrece otro tipo de capacitación.
La tasa de desempleo en Francia es 8% mayor entre los inmigrantes que entre los franceses, y los inmigrantes ocupan puestos menor valorados y con peores condiciones de trabajo.
Después de haber sido escenario de ataques terroristas recientes, como aquel al periódico Charlie Hebdo y al Museo del Louvre, el gobierno francés se apoya en esos hechos utilizándolos como leña en la hoguera del odio contra los inmigrantes e invirtiendo aún más en represión. Un nuevo plan de seguridad en París va a costar más de 300 millones de euros en los próximos 15 años. Es literalmente una vidriera de este plan antiterror la reciente noticia de que la Torre Eiffel será cercada por un muro de vidrio resistente a balas y bombas, o sea, pasa la imagen y el recado de que hay amenazas terroristas y de que esas medidas son necesarias. La imagen del país de la “libertad, igualdad y fraternidad” es, como mínimo, bastante incoherente. Con tales medidas, se incita al odio racista que ya es parte del cotidiano.

La violencia policial racista en Francia es un tema tan grave que se tornó uno de los puntos de gran atención en la disputa presidencial que se dará en los próximos dos meses. Las protestas ya ocurren desde hace seis días. Preocupado, el presidente François Hollande hizo una visita sorpresa a Théo Témoigne en el hospital, el día 9, y lo convenció de pronunciarse públicamente pidiendo el fin de las protestas. Hollande pidió que la población deje las calles y confíe en el Estado y en la Justicia, pero no fue escuchado.
Una vez más explotan manifestaciones antirracistas a partir de la hostilidad policial racista. Lo mismo ocurrió con los asesinatos de Michel Brown, resultando en protestas en Ferguson [1], y Eric Garner, en la ciudad de Nueva York [2]. El movimiento Black Lives Matter (Vida Negras Importan) cuestionó, incluso, que no basta que presidentes (en ocasión de la ola de protestas en los Estados Unidos, Obama era el presidente), policías y otras autoridades sean negras. Hay una cuestión histórica y de clase que victimiza a millares de negros e inmigrantes.
En el Brasil, durante las protestas de junio de 2013, una de las consignas era ”¿Dónde está Amarildo?”, trabajador negro que fue desaparecido y muerto por policías. Como decía Malcom X, “no hay capitalismo sin racismo”, y en una coyuntura de crisis económica y guerras, los más pobres, negros, mujeres, inmigrantes y LGBTs son aquellos que están más vulnerables. Basta ver la fuga por la supervivencia de los pueblos de Medio Oriente y del Norte de África, que son victimados intentando llegar a Europa. Para ellos, la Francia de Hollande tiene las puertas cerradas y para los que viven allí la situación presenta muchas dificultades.
Frente a la barbarie promovida por el capitalismo, sus gobiernos y autoridades, es preciso decir basta y ampliar las luchas y la solidaridad internacional: #JusticePourTheo!

[1] La muerte de Michael Brown generó rebeliones que los medios internacionales dijeron eran mayores que las manifestaciones de las décadas de 1950 y 1960 en los Estados Unidos.
[2] Eric Garner fue asesinado por la policía de Nueva York y sus últimas palabras fueron “I can’t breathe” (no puedo respirar), dichas varias veces. “We can’t brwathe” (no podemos respirar) se volvió un eslogan de las protestas.

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