Mujer / Para combatir el machismo:

¿Marxismo o Feminismo?

¿Marxismo o Feminismo?
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Aquel 3J de 2015, nos apretujamos en la Plaza de Mayo y en todas las plazas del país para gritar NiUnaMenos.
El grito se expandió a Latinoamérica y al mundo. Las mujeres polacas nos inspiraron con su paro, para concretar la gran jornada de Justicia para Lucía del 19 de Octubre de 2016, en que con las compañeras a la cabeza, los trabajadores desbordamos los moldes y le hicimos a Macri – en forma parcial – el Paro Nacional que la CGT se empeñó en evitar.
La ola le golpeó la nariz a Trump, el nuevo jefe del imperialismo y provocó una de las mayores movilizaciones de la historia de EEUU, con mujeres, trabajadores, estudiantes, inmigrantes, negros, LGBT y otros sectores en la calle.
Con las gargantas y los pies curtidos de peleas y marchas, queremos comprender este fenómeno que generamos y que, a la vez, nos arrastra.
Oímos cantar: “Poder, poder, poder popular, y ahora que estamos juntas, y ahora que sí nos ven, ¡abajo el patriarcado!, ¡se va a caer, se va a caer!” y surgen dudas. A veces, se vuelven rechazo, cuando, después de esforzarnos para llevar a compañeros de trabajo, maridos, novios, padres, hermanos, nos sorprende algún: “¡Fuera, fuera machos, fuera!”.
En las fábricas, oficinas o universidades, kirchneristas o feministas, hablan de la necesidad de luchar contra el patriarcado; casi todos los partidos de izquierda se reivindican “feministas socialistas” y proponen enfrentar al “capitalismo patriarcal”; hay compañeras independientes que se dicen “feministas” o “antipatriarcales”, como sinónimo de luchadoras contra el machismo.
Es un rompecabezas difícil.

Somos marxistas y luchamos contra el capitalismo

El PSTU y la LIT nos proclamamos socialistas, marxistas.
Para las feministas, la cuestión esencial es la lucha contra los hombres, por pelear espacios y conquistas hasta lograr la igualdad entre mujeres y hombres en la sociedad capitalista.
Los marxistas, aunque peleamos para exigir el reconocimiento de nuestros derechos, por ejemplo, las categorías, o para reclamar a la justicia, como en el caso de los femicidios, no confiamos en que el Estado y las leyes de los capitalistas vayan a dar soluciones definitivas a ninguna necesidad de la clase trabajadora. Por ejemplo, en la Comisaría de la Mujer te dicen: “no podemos poner un patrullero a cada una que hace una denuncia de violencia”, pero el Gobierno puede gastar millones en mover camiones y efectivos policiales y de gendarmería para “defender” a la patronal de Clarín. El Estado no es neutro, cuida las ganancias y la propiedad de los patrones y quienes confían en que ampare a los laburantes se engañan o pretenden engañarnos. Los marxistas sostenemos que debemos derribar esta sociedad capitalista, con las mujeres trabajadoras al frente de la pelea por sus derechos, con los hombres de su clase como aliados (no como enemigos, según establece el feminismo) y con la lucha revolucionaria del conjunto de la clase obrera y los sectores populares.
Desde este punto de vista, marxismo y feminismo, como teorías que intentan no solo explicar el mundo, sino transformarlo, no son complementarias: ¡son contrapuestas!.

Por eso el PSTU y la LIT no somos feministas y polemizamos con las organizaciones de izquierda que utilizan esa combinación contradictoria entre marxismo y feminismo.
Tampoco acordamos en la tarea de enfrentar al “capitalismo patriarcal”, fórmula que toman de algunas de las formas más radicalizadas del feminismo.
Referir al patriarcado es un problema, aunque sea como equivalente de machismo u opresión de las mujeres, porque contiene una definición de la sociedad en que la línea divisoria es entre mujeres y hombres, en que la opresión es superior o directamente excluye a la explotación, una divisoria tan absurda que hermana a las obreras inmigrantes precarizadas con María Eugenia Vidal o con Hillary Clinton.
Para el marxismo no existen dos sistemas: capitalismo y patriarcado, ni por tanto dos luchas políticas y sociales diferentes, paralelas. Hay un único sistema económico, político, social y cultural dominante, el capitalismo, que desde hace 100 años es imperialista. Un sistema insaciable cuyo interés es la ganancia empresaria – sea de las Juliana Awada o de los Cirigliano- que utiliza el machismo y todas las opresiones que existían anteriormente, incluso es capaz de crear nuevas, para mejor explotar y dominar al conjunto de la clase trabajadora.

Es esa mayoría explotada y oprimida, formada por mujeres y hombres, dirigida por un partido revolucionario, quien puede liberar a la humanidad, tomando el poder político, expropiando a los capitalistas y luchando por un mundo socialista sin explotación ni opresión de ningún tipo. Pero eso no será posible sin combatir la opresión machista y sin ampliar la lucha por los derechos de las mujeres acá y ahora, sin lograr que la mitad femenina de la clase obrera rompa con las viejas cadenas y tome en sus manos las riendas de su propia emancipación.

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