40 años de la Guerra de Malvinas: UNA CAUSA VIGENTE, UNA GUERRA QUE SE PODÍA GANAR

Escrito por Ivan Rabochi

8 marzo, 2022

Iniciamos con este número una serie de notas dedicadas a los 40 años de la Guerra de Malvinas. Rememorar los principales acontecimientos ligados a esta, sacar conclusiones sobre los mismos y abordar las polémicas con las distintas corrientes políticas que intervinieron en esos días, creemos que  es de una enorme utilidad para todos los/as luchadores/as obreros/as y juveniles. 

 

DEL TRIUNFO DEL GOLPE A LA AGONÍA DE LA DICTADURA GENOCIDA

En este primer artículo intentaremos reseñar el marco de situación previo a la guerra, el contexto en que el presidente de facto Leopoldo Galtieri y la Junta de Comandantes toman esta decisión aventurera  que los arrastraría, contra sus intenciones, a una guerra contra el imperialismo británico y mundial y a su propia caída.

El plan Martinez de Hoz: un cambio en el modelo capitalista argentino

El golpe de 1976 logró clausurar el ascenso de reclamos y luchas sociales, económicas y políticas iniciado con el Cordobazo y aniquilar a la nueva dirección combativa del movimiento obrero, hegemonizada por las distintas corrientes de izquierda, que venía avanzando y disputándole el control de los cuerpos de delegados, comisiones internas y sindicatos a la vieja burocracia peronista. 

Pero a diferencia de las dictaduras de Aramburu y Onganía, esta vez las Fuerzas Armadas (FFAA) tomaban el poder en el marco de una crisis capitalista internacional. Con la crisis de fines de los ’60 se había terminado el boom de la posguerra y comenzó una curva descendente de la economía mundial, con otro pico en 1972/73, que agudizó la debacle del capitalismo semicolonial argentino. Eso en el marco también de un ascenso mundial que tenía como referentes la Revolución Cubana, el Mayo Francés, la Primavera de Praga, la guerra de Vietnam, las revoluciones anticoloniales en África y la Revolución de los Claveles en Portugal.

La dictadura se impuso con el acuerdo de todos los sectores patronales e imperialistas y el apoyo pasivo de la clase media, aplicando en escala industrial desde el Estado los métodos de secuestro, tortura y asesinato que los gobiernos de Perón e Isabel venían utilizando con bandas paramilitares. Su primer objetivo era la derrota del movimiento obrero, que con su primera huelga general contra un gobierno peronista había volteado a los ministros Celestino Rodrigo (Economía) y José López Rega (Interior y Jefe de la Triple A). Y el aniquilamiento de la vanguardia obrera y estudiantil para estabilizar el régimen y desarrollar un plan económico coherente desde el punto de vista capitalista. 

Sobre esta segunda cuestión había más diferencias pero se impuso el sector agroindustrial y extractivista (mineras, petroleras), asociado al capital financiero e imperialista. El plan era insertarse en la división internacional del trabajo imperialista aprovechando las ventajas comparativas naturales del país, con un modelo exportador de productos primarios y disminuyendo el peso del mercado interno. Se eliminaron medidas proteccionistas que permitían la subsistencia de sectores industriales nacionales obligando a la concentración monopólica y favoreciendo la penetración de capitales y mercaderías imperialistas. 

El complemento obligado fue una brutal rebaja salarial, el aumento de la desocupación y la intervención de las organizaciones sindicales para liquidar conquistas obreras y presionar a la baja salarial, para favorecer la competitividad y el aumento de la tasa de ganancia. 

Paralelamente el dólar se mantenía barato a través de la famosa “tablita” de devaluaciones graduales facilitando los viajes al exterior de sectores medios para hacer turismo y compras. Las altas tasas de interés bancario para captar capitales facilitaban la especulación financiera de la cual se beneficiaban sectores burgueses pero también de la pequeño burguesía. Fueron los años de la “plata dulce”.

Pero el plan chocó con los límites que imponía la economía capitalista mundial. La crisis empujó a los países imperialistas a aumentar las medidas proteccionistas en sus mercados y aumentar los subsidios a su sector agropecuario. Los mercados europeos y estadounidenses se cerraron para las exportaciones argentinas. Los capitales imperialistas solo ingresaban al país para inversiones especulativas y las tendencias recesivas aumentaban. 

Las presiones de sectores burgueses nacionales y las contradicciones del régimen le impidieron a Martínez de Hoz avanzar con la privatización de sectores estatales. Aumentó el déficit fiscal fogoneado por la descontrolada corrupción de los funcionarios militares y el presupuesto militar, y se cubría con un brutal endeudamiento externo (1). La inflación se mantenía largamente por encima del 100%, la desocupación crecía y el PBI caía. La quiebra del BIR (el principal banco privado nacional) en marzo de 1980, que arrastró otras 37 entidades financieras,  anunció el fin del plan Martínez de Hoz y el comienzo de la crisis del régimen. 

La dictadura salvó a las empresas pero miles de pequeños ahorristas perdieron su dinero, hubo una brutal fuga de capitales y el Gobierno decidió una abrupta devaluación.

Un régimen en crisis e “infartado”

En marzo de 1981 se renuevan el gabinete y  la Junta, y esta elige al General Viola como presidente. Sale Martínez de Hoz y asume Lorenzo Sigaut en el ministerio de Economía con Domingo Cavallo como presidente del Banco Central. 

Viola asume con el objetivo de remontar la crisis económica y política y avanzar en un plan de autorreforma del régimen, con una apertura “a la brasileña”(2), es decir permitiendo elecciones y una actividad legal de algunos partidos patronales pero sin ceder el poder. 

Hay que recordar acá que el imperialismo yanqui pocos años después de su primera derrota militar en Vietnam (1975), cambió su política de impulsar golpes militares en Latinoamérica por la de promoción de los “derechos humanos”. Carter había enviado en 1979 a Patricia Derian, su Subsecretaria de Estado, a la Argentina y se habían recogido las denuncias de familiares de desaparecidos y presos que luego se hacen públicas en el informe de la CIDH (3). 

Ese mismo año triunfan la revolución nicaragüense y la iraní, derribando dos viejas dictaduras aliadas de EEUU y en 1980 se le otorga el premio Nobel de la Paz al argentino Adolfo Pérez Esquivel, ligado a la Iglesia Católica. EEUU adopta lo que nuestra corriente denominó como política de la “reacción democrática”, es decir canalizar los procesos revolucionarios hacia salidas electorales y en acuerdo con las direcciones de masas.

Viola abre el diálogo con la UCR, el PJ y otros partidos patronales e incluso los integra al régimen incorporando intendentes y ministros de éstos, que colaboran gustosos. Pero los planes gradualistas naufragan en el mar embravecido de la crisis que se profundiza, del crecimiento del odio y resistencia del movimiento obrero y de masas, y la acelerada pérdida de base social del régimen, incluyendo el distanciamiento de sectores burgueses perjudicados. Su principal sustento de masas, la clase media, que había disfrutado calladamente del dólar barato y la “plata dulce” rompe con el régimen y se suma a la resistencia. Alarmada  por la situación la UCR conforma junto al PJ y otros partidos patronales menores la Multipartidaria (4). Era un agrupamiento para negociar con la dictadura una salida política consensuada que llevara a las elecciones evitando su caída revolucionaria. El título de la solicitada con la que se dan a conocer lo dice todo: “Antes que sea tarde”. 

Como un símbolo de la situación Viola sufre un infarto en diciembre de ese mismo año y asume una nueva Junta que designa al General Galtieri como presidente. Según los Estatutos de la Junta los presidentes duraban tres años. Videla había gobernado cinco; Viola sólo llegó a los ocho meses. 

El crecimiento de la lucha obrera y popular y el paro del 30 de marzo

Existe una visión bastante difundida de que casi la única expresión de resistencia a la dictadura fueron las rondas de las Madres de Plaza de Mayo y los familiares de los desaparecidos. Hay que señalar que, sin desmedro del reconocimiento al coraje de estos y al heroísmo de esas acciones, la clase obrera y otros sectores populares venían protagonizando numerosas luchas de resistencia. 

Ya a fines de 1976 hubo huelgas en Mercedes Benz, Peugeot y la ex SEGBA. En octubre y noviembre de  1977 se dio una oleada de huelgas por aumento salarial y reclamando en algunos casos contra la desaparición de activistas y delegados, que empezó en ferroviarios, subte, colectivos y se extendió a portuarios, ceramistas, textiles, petroquímicos, petroleros, frigoríficos, aguas gaseosas, etc. abarcando no sólo el AMBA sino también ciudades del interior. 

En abril de 1979 se da el primer paro de la CGT con acatamiento parcial y en 1980 hay una ocupación de dos fábricas metalúrgicas del Gran Buenos Aires,  La Cantábrica y Deutz. En 1981 hay conflictos en Córdoba, Río Negro,  Misiones y Tucumán de gráficos y SMATA, obreros de la fruta, papeleros y ferroviarios respectivamente. También hay una movilización de 6.000 obreros del SMATA por el centro porteño en junio, que es acompañada desde las oficinas con papelitos, y que termina con 1.800 detenidos, el 22 de julio hay un nuevo paro parcial de la CGT y en noviembre una multitudinaria movilización convocada por esta en San Cayetano. 

A estos procesos de lucha obrera ese año se sumaron también movilizaciones de productores rurales del interior, de estudiantes universitarios por el ingreso irrestricto, de secundarios y sectores de la cultura que impulsan “Teatro Abierto” desafiando la censura y la represión. También se produce una movilización de jóvenes radicales que marchan luego del velatorio de su viejo líder, Ricardo Balbín, al grito de “Se va a acabar, la dictadura militar”, canto que se impone luego en recitales, canchas y marchas. Este torrente de luchas atomizadas, por responsabilidad principalmente de la conducción burocrática de la CGT, va a confluir finalmente y pegar un salto con el paro y movilización a Plaza de Mayo del 30 de marzo de 1982 convocado por esta. 

Poco tiempo antes, las garras asesinas de la Dictadura daban uno de sus últimos zarpazos. El 4 de febrero había sido secuestrada, torturada y asesinada Ana María Martínez, joven obrera y militante del glorioso Partido Socialista de los Trabajadores (PST), cuyo cuerpo aparece días después, con gran repercusión en los medios y a nivel internacional. Como una fiera acorralada la dictadura agonizaba dejando su rastro de sangre. 

NOTAS

1- La deuda externa pasó de U$S 7.165 millones en 1975 a U$S 28.239 millones en mayo de 1981. ( Radiografía de la bancarrota. Estrategia Socialista, Diciembre de 1981).

2- La dictadura brasileña comienza en 1974 con el gobierno del Gral. Geisel una apertura controlada, permitiendo elecciones al parlamento y el funcionamiento legal de dos partidos burgueses: ARENA (oficialista) y MDB (opositor).

3- Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

4- Estaba integrada por la UCR, el PJ, el Partido Intransigente, el MID (Movimiento de Integración y Desarrollo), la Democracia Cristiana y el Partido Demócrata Progresista.

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