BONOS SALARIALES: ¡QUEREMOS LAS CUENTAS CLARAS!

Escrito por Javier Balcazar y Daniel Ruiz

9 marzo, 2022

Las familias obreras cada vez más pobres 

Los sueldos no alcanzan. El conjunto de la clase obrera necesita aumentos urgentes. Sin embargo, se comienza a instalar la idea de conseguir bonos extraordinarios (premios) por porcentajes de ganancias empresariales y objetivos de producción o tareas.

 

La inflación reinante de los últimos años, los bajos acuerdos salariales en cuotas de los gremios y la flexibilidad laboral por parte del empresariado, el Gobierno y las conducciones sindicales, están llevando a buscar un incremento de pesos en los bolsillos de cada trabajador y trabajadora. Ya sea en pedir horas extras, bonos o lo que esté al alcance para poder sobrellevar esta situación angustiante.

¿Un bono a cada trabajador?: el aumento general de salarios es un derecho sin condiciones

Las patronales y el Gobierno incentivan que los trabajadores/as deben ser parte de las ganancias empresariales como también de las pérdidas, instalando la idea que la clase obrera es socio de las empresas y no el único sector que realmente genera las ganancias de cada empresa. No es casual que quieran instalar esa idea porque atrás de esa concepción veremos más adelante como se quiere eliminar el poder de la clase obrera para organizarse colectivamente y luchar por sus derechos. Con la promesa del premio quieren atarle las manos a los trabajadores.

¿Que significan los bonos atados a la producción y ganancias?

El bono que negoció el SUTNA (Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino) en Bridgestone, por ejemplo, que consiste en que a partir del 6% de ganancias libre de impuestos que consiga la empresa se distribuya un porcentaje a los trabajadores caló fuerte en amplios sectores. 

También en otros lugares hay bonos o “premios” a cambio de condiciones. En la minería hay premios por producción o por metas en tareas de mantenimiento de maquinarias. O en el petróleo,ya sea en yacimientos con bonos de premios por soldaduras de ductos, tiempos operativos en los pozos o en refinerías con “premios” por paradas de planta atados a condiciones como, “costos”, “medio ambiente” o “plazos de trabajo” etc. En otras empresas dan viáticos ínfimos como bonos anuales por la producción que lo que logra es que las bases obreras planteen mayor valor del bono en consonancia con mayor producción.

Sin embargo, la necesidad de conseguir esos bonos hace que muchos trabajadores no denuncien accidentes laborales, vayan a trabajar enfermos o que se peleen entre los turnos y sectores de trabajo para alcanzar las metas que fijan las empresas. 

¿Que peligros corremos los trabajadores/as con estas formulaciones?

No solamente existen los riesgos de querer cumplir las metas, trabajando enfermos o ignorando los incidentes o accidentes laborales, que de por sí ya es un peligro, sino que si esa idea se impone corre riesgo toda la organización obrera gremial.

Decimos esto porque si los bonos atados a los beneficios de empresas pasan a ser muy importantes para el bolsillo obrero (como los que anunciaron en Techint, Ternium Ramallo o el propio SUTNA), llegará el momento que ante una huelga por cualquier reclamo, sean despidos, mejoras o aumentos  la idea que se imponga sea: “no puedo parar porque pierdo el bono, tenemos que llegar a la meta de producción”.  

Esta situación es a donde quieren llegar los empresarios y el gobierno.

¿Hay una propuesta alternativa?

Claro que sí, por un lado la pelea por los bonos debe ser libre de cualquier compromiso de porcentaje de ganancias o producción. Deben ser remunerativos y sin descuentos para que se sumen a los cómputos del aguinaldo y las vacaciones pagas. 

Pero también sabemos que si peleamos por un aumento general de salarios acorde a la canasta familiar de cada región con cláusulas gatillos automáticas, podremos estar mucho mejor sin necesidad de andar mendigando horas extras y perdiendo el poco tiempo que tienen los trabajadores con sus familias. 

Hay que ampliar los puestos laborales para los desocupados de cada sector incluyendo una bolsa de trabajo de hijos de trabajadores de cada fábrica, como también ampliar los cupos para mujeres e incluir a la comunidad LGBTI que sufre una importante discriminación y por lo general queda fuera del mercado laboral.

Para tener una idea de lo bajo de los salarios, según los trabajadores y trabajadoras en Estadística y Censos del INDEC, nucleados en ATE, el salario mínimo nacional debería ser de $128.832.- Sin embargo el promedio salarial en la Argentina ronda los $50.000. 

¿De dónde saldrá esa plata? Decimos: ¡las cuentas claras!

Acá los empresarios nos ocultan la verdad. Los trabajadores tenemos que luchar por conseguir la apertura de los libros contables de las empresas. Allí veremos que hicieron con las utilidades de los últimos 10 o 15 años. Sabremos a dónde giraron las ganancias que producimos nosotros y seguramente saldrán a la luz las acciones que compraron en otras compañías, la fuga de divisas al exterior, la compra de inmuebles para especulación, etc. Ahí está la plata que falta cuando dicen que están en crisis. Desde allí podemos partir para conseguir la abolición del secreto comercial que los bancos y financieras utilizan para perjudicar no sólo a los trabajadores sino también a sus proveedores, muchos de ellos PyMES y para evadir impuestos al Estado.

Queremos ser claros: sin clase obrera no hay ganancia posible. Siempre nos ocultaron todo pero llegó el momento de pelear por reconocernos como la única clase social productiva y por lo tanto reclamar el derecho de saber adónde van esas ganancias que generamos a diario y a recuperar las que producimos hace décadas. 

Los dirigentes sindicales traidores y los ilusos reformistas nos dirán que hay empresas pequeñas que no pueden sostener una propuesta así, que no cuentan con los recursos suficientes. 

Es cierto que hay miles de pequeñas empresas en todo el país, muchas de ellas en crisis. Pero es también muy cierto que en su enorme mayoría dependen de grandes empresas y muchas son tercerizadas. Por eso decimos que hay que unificar la industria. Ninguna pequeña contratista de autopartes, garrafera, prestadora de servicios o metalúrgicas es del todo independiente. En su mayoría trabajan a disposición de grandes industrias ya sean de automóviles, petroleras, mineras, del campo, etc. Es por ello que estas mega empresas, por ejemplo Pan American Energy, Shell o Siderar por dar algunos ejemplos, deben destinar los fondos necesarios para que sus “contratistas pequeñas“ puedan garantizar salarios como deben ser. Y no, por el contrario, usarlas para rebajar los salarios del sector en alianza con los sindicatos traidores.

Una tarea fundamental, independiente y de lucha

Estos planteos que describimos tienen una función central, recuperar la tradición de lucha de la clase obrera. Terminar con los dirigentes gremiales “negociadores” que se reúnen en secreto y a espaldas de los trabajadores para traicionarlos y beneficiar a las empresas a cambio de algún beneficio. Necesitamos forjar una nueva dirección que plantee una salida propia de los trabajadores, en su beneficio y reclamando lo que es justo. Unificando en la acción a todos los sectores de nuestra clase obrera: ocupados, desocupados, mujeres e hijos. Los problemas que tenemos en los trabajos y los que tenemos en los barrios y escuelas. Los problemas de los trabajadores y los sectores populares.

Esta pelea por los salarios y las condiciones laborales nos deberá conducir a formar un nuevo tipo de organización sindical ya que la actual nos ata de pies y manos. Hay que sacar a los dirigentes traidores, reformistas y pacifistas de las conducciones gremiales. Éstas son las tareas imprescindibles que tenemos los trabajadores por delante.

 

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