La mano dura es de Cristina

Escrito por Alicia Sagra

24 octubre, 2014

Cuando Berni hizo declaraciones xenofóbicas relacionando a los extranjeros con la criminalidad, muchos compañeros y compañeras creyeron a los que les decían que eso no tenía nada que ver con Cristina, ni con el gobierno K, sólo eran barbaridades de Berni, un supuesto infiltrado en el kirchnerismo. El problema es que ahora, en su último discurso, dijo exactamente lo mismo que el “infiltrado”. Entonces, ¿qué es lo que pasa?
Cuando muchos compañeros trabajadores, o estudiantes, nos dicen que los gobiernos K, son algo nuevo, muy diferentes de lo que fueron los gobiernos de Menem. Tienen razón. Los gobiernos de Néstor y Cristina fueron diferentes. Pero esa diferencia no tiene que ver con que ellos personalmente, hayan sido muy diferentes de los presidentes anteriores. De vez en cuando aparecen fotos de Néstor abrazado con Menem, y tanto él como Gobernador de Santa Cruz, como Cristina desde el Senado, apoyaron las privatizaciones menemistas, empezando por la de YPF. La diferencia estuvo en que estos gobiernos K fueron subproducto de una revolución.

La diferencia la marcó la revolución

El 19 y 20 de diciembre de 2001, la gente dijo basta y salió a las calles. Decían no al corralito de Cavallo, pero también exigían aumento de salario, viviendas dignas, más presupuesto para la salud y la educación públicas. Y no confiaban ni en los viejos políticos y dirigentes sindicales, ni el parlamento, ni en la justicia, por eso el grito unificador fue “que se vayan todos”. Los bancos blindaron sus puertas y ventanas, los diputados y senadores se ponían vaqueros y zapatillas para pasar desapercibidos cuando entraban al Congreso. Los hijos de De la Rúa eran cacheteados en las calles y Cavallo (su último Ministro de Economía) tuvo que salir disfrazado de mujer del casamiento de su hija, para escapar de la furia popular. Es decir, una gran sublevación popular, nosotros opinamos que fue una revolución, se enfrentó a todas las instituciones del régimen defendiendo sus condiciones de vida.
Y esa situación se mantuvo durante todo el 2002. El imperialismo y las patronales nacionales no podían permitir eso. El Banco Mundial dio montones de plata para financiar los planes sociales. Pero, eso se vio como un triunfo y fortaleció las movilizaciones pidiendo más, exigiendo trabajo y no subsidios, pidiendo salarios… Duhalde desde la presidencia intentó acabar con lo que ellos llamaban “caos social”, imponiendo el garrote y vino el asesinato de Kosteki y Santillan. Pero con ese fusilamiento descarado no provocaron miedo, sino que hicieron crecer el odio y la movilización popular.
Entonces intentaron otra salida, la vía electoral. Ahí aparece Néstor Kirchner en el 2003. Saca sólo el 22% de los votos, pero desde el primer día se presenta como “algo distinto”. Su primera medida de gobierno fue ir al piquete de los docentes de Entre Ríos, con una valija llena de dinero, para darles el aumento que pedían.
Su misión era desviar lo que había empezado en diciembre del 2001. Para hacerlo se apoyó en dos elementos centrales: 1- La ausencia de una dirección revolucionaria que diera una alternativa a las masivas movilizaciones de masas, que quedaron limitadas al que “se vayan todos” sin ninguna propuesta por la positiva; 2- El viento de cola favorable para la economía que se dio en el 2003, lo que permitió una reactivación económica y el descenso del desempleo.
Así, Néstor y después Cristina, dieron algunas pequeñas pero importantes reivindicaciones económicas (mantención del precio de servicios y transportes en Buenos Aires, pequeños aumentos periódicos a los jubilados, la llamada jubilación del ama de casa, el subsidio por hijo); y se presentaron con un discurso anti Bush, con medidas contra la dictadura genocida y pequeños ataques a la patronal agraria (la bajada del retrato de Videla, anulación de las leyes de indulto y de obediencia debida, retenciones a la exportación de soja…). Con esas medidas fueron ganando la simpatía popular y a dirigentes sindicales y populares, algunos de ellos con una importante tradición de lucha (la dirección sindical del subte, Hebe de Bonafini, Estela Carlotto, el CELS..) los que a su vez contribuyeron a fortalecer esa simpatía.
Esa es la explicación real de por qué, los gobiernos K fueron diferentes.

Pero las cosas cambiaron… y volvieron la inflación, los despidos y también la “mano dura”

Ya no está más el viento a favor para la economía. Por el contrario comenzó a entrar en Latinoamérica y el país, la crisis mundial. Y ahí, Cristina se tiene que sacar la careta de “progresista” y tiene que aplicar la misma receta que están aplicando todos los gobiernos burgueses del mundo: ajuste y más ajuste. Por eso no hay sanciones para las empresas que despiden. Por eso la inflación crece y no hay apoyo gubernamental al planteo de reaperturas de paritarias y ni siquiera quieren aflojar un bono para fin de año.
Pero saben que eso puede provocar reacciones importantes de los trabajadores y de los pobres de las grandes ciudades. Eso es lo que explica que Cristina también deje de ser “la Presidenta de los Derechos Humanos” y que salga a defender la “mano dura”. Esto no empezó hoy, ya se anunciaba con la ley antiterrorista, con la condena a los petroleros de Las Heras, pero se hace totalmente evidente con el proyecto de reforma del Código Procesal Penal. Tan evidente que incluso sus amigos lo tienen, de alguna manera, que cuestionar.

La reforma del Código Procesal Penal

Así como Cristina no dudó en enfrentar a sectores que la apoyan defendiendo un Código Civil redactado de la mano del Vaticano. Tampoco dudó en volver a enfrentarlos proponiendo reformas al Código Penal que no tienen nada que envidiarle a los planteos de las corrientes más reaccionarias del Derecho.
Por un lado están sus propuestas dirigidas a los sectores que piden “mano dura” contra la inseguridad, como lo de la “prisión preventiva” (con el argumento de la conmoción social) para todo acusado de delito grave. El planteo es tan claramente reaccionario desde la órbita del Derecho que sus amigos del CELS tienen que manifestar: «Desde el punto de vista jurídico (la prisión preventiva) también es un problema porque el sistema argentino por jurisprudencia sólo permite la prisión preventiva por fines procesales, es decir, si hay riesgo de fuga o de entorpecimiento de la causa. La conmoción social no necesariamente tiene vínculo con estos fines procesales (…) «Lo que hace más que nada es responder la demanda social de que ante casos que aparecen como muy conmocionantes la persona quede detenida desde el primer momento (…) La conmoción social no puede justificar una detención porque sería un adelanto de pena (…) «La Corte Interamericana de Derechos Humanos dice específicamente que la conmoción social no puede justificar una detención porque sería un adelanto de pena (…) «La prisión preventiva no es para eso (…) estas reglas que invierten la de la libertad generan una práctica judicial que vuelve a dar centralidad a la preventiva»1.
Evidentemente, es muy difícil después de esto., que el gobierno de Cristina vuelva a ser acusado de “garantista”. Y no sólo toma propuestas de la derecha, sino que también usa sus expresiones típicas “hay que acabar con la puerta giratoria.” Esas expresiones, muy usadas por los medios, pueden llegar a confundir a muchos trabajadores, pero si miramos con atención veremos que los que pasan por esa “puerta giratoria” son los que aceptan robar para la policía y los jueces, y a los que se niegan les pasa lo de Luciano Arruga. Otros que pasan por la “giratoria” son los dueños o los amigos del poder: los Zanola, los Lázaro Báez, los Boudou.. Sobre todo esto no dijo nada la Presidenta. Claro que ella puede pensar que no es un delito grave vender placebos a los enfermos oncológicos de la Bancaria o robar utilizando los mecanismos del poder.
Pero Cristina no se quedó ahí, sino que llegó a la xenofobia al manifestar: «Se expulsará a los extranjeros irregulares que sean sorprendidos cometiendo un delito y no podrán volver a entrar por 15 años». Obviamente eso no está dirigido a los europeos o yanquis, sin ninguna duda esto es un insulto a la gran cantidad de trabajadores bolivianos, paraguayos, chilenos…, que vienen a trabajar a nuestro país. Por un lado, se da a entender que los extranjeros jugarían un rol determinante en la criminalidad, lo que no está apoyado en ningún estudio serio. Y por otro, ¿qué significa “ser sorprendidos cometiendo un delito”? ¿Pueden ser expulsados si los “sorprenden” robando una fruta en el supermercado? ¿O participando de un corte de calle? ¿Y serían expulsados a través de un juicio sumario, sin ningún tipo de proceso?.
Este aberrante planteo, también provocó la reacción del CELS «Estuvimos mirando esa parte del código referida a la expulsión de inmigrantes. Hay una cuestión que sí me parece relevante que tiene que ver con que es imposible asociar migración con delito. Estas asociaciones lo que generan son estereotipos que estigmatizan. Es una asociación errónea y esto vuelve sobre el mismo problema de siempre: culpar del delito a un grupo específico, generando repercusiones que en este caso podrían derivar en xenofobia». «La segunda cuestión que nos preocupa es que se habla de migrantes en situación irregular. La definición de quién es irregular o no es una definición que tiene que dar la autoridad migratoria. ¿Ahora lo va a decir el juez? ¿O le va a pedir intervención a Migraciones? El derecho migratorio, en el marco del Programa Patria Grande, habla de un convenio de libre de circulación de personas en países del Mercosur. Es decir que los migrantes de países limítrofes tienen derecho a regularizar su situación en el país. Certificar si es irregular o no es entonces una cuestión compleja». «Por otra parte, se habla de flagrancia o delitos con penas menores de 3 años. Esto sugiere que cualquier investigación policial ya puede identificar extranjeros, el funcionario policial puede generar esta relación. Contribuye a este proceso que consideramos complejo entre el funcionario policial en el territorio y un grupo específico como es el de los migrantes». «La agencia policial ahora va a tener mayores herramientas para decidir una detención de un migrante»2.

Dos conclusiones

Para nosotros la primera conclusión que tenemos que sacar es que no pueden quedar dudas de dónde viene este ataque. Aunque a muchos compañeros les duela, tienen que reconocer que acá no se trata de “infiltrados en el poder”, que es Cristina la que dirige el plan de ajustes y que es suya la “mano dura” que están preparando para responder a la futura reacción social que ellos esperan..
La segunda conclusión es que es que tenemos que rechazar estas reformas al Código Penal. Esa es una obligación de todos los que se identifican como defensores de la Derechos Humanos, independientemente de la mayor o menor confianza que aún tengan con el gobierno kirchnerista.

 

Notas:

1 Declaraciones del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) a la Nación, 23-10-2014

2 Diego Morales, director del área de Litigio y Defensa Legal del CELS, en diálogo con LA NACION,

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Escrito por Alicia Sagra

24 octubre, 2014

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