LAS MUJERES OBRERAS Y BOLCHEVIQUES: MOTOR DE LA REVOLUCIÓN

Escrito por Lucha Mujer

26 febrero, 2021

A diferencia del papel pasivo que la historia tradicional ha querido darnos siempre, las mujeres hemos sido partícipes de las luchas más importantes de la humanidad. En este nuevo Día Internacional de la Mujer, queremos resaltar ese rol protagónico.

La pelea por nuestros derechos ha sido capaz de despertar masivas movilizaciones. Por ejemplo: una organización bajo un reclamo básico como el de pedir que no nos maten por ser mujeres, pudo desembocar en algo tan significativo como el 3J de 2015, inicio de una ola de movilizaciones en nuestro país y en el mundo. Una organización espontánea de obreras, bajo reclamos de pan y paz, junto con mejores condiciones laborales, pudo generar algo tan enorme como el estallido de una Revolución, allá en la Rusia de 1917.

Material inflamable

En febrero de 1917 el 47 % de la clase obrera de Petrogrado eran mujeres. En Rusia gobernaba un monarca, el Zar. La Primera Guerra Mundial había expulsado a muchos hombres al frente de batalla. Las obreras eran mayoría en la industria textil, del cuero y del caucho y ocupaban oficios antes vedados.

Las obreras eran también madres. Antes de ir a la fábrica, debían hacer  colas de hasta 40 horas semanales para conseguir el pan de sus hijos, acampando durante la noche, en pleno invierno ruso. Los informes policiales revelan que allí aprendieron “a insultar al Zar”.

En enero empezó a escasear el pan, comida casi única. El precio del carbón se había quintuplicado y el de los alimentos, multiplicado por siete.

Mal pagas, con jornadas de hasta 14 horas en lugares sucios e insalubres, víctimas de una violencia autorizada durante siglos, eran “material inflamable que solo necesita una chispa para estallar”, como alertaba la policía del Zar.

La Revolución en marcha

El 23 de febrero (en el calendario que usaba entonces Rusia, 8 de Marzo en el que rige actualmente) era el Día Internacional de la Mujer. Trotsky en su “Historia de la Revolución Rusa” lo recuerda así:

“(…) Ninguna organización hizo un llamamiento a la huelga para ese día. La organización bolchevique más combativa de todas, el Comité de la barriada obrera de Vyborg aconsejó que no se fuese a la huelga (…) Al día siguiente haciendo caso omiso de sus instrucciones, se declararon en huelga las obreras de algunas fábricas textiles y enviaron delegadas a los metalúrgicos pidiendo que secundaran el movimiento (…) Es evidente pues, que la Revolución de Febrero empezó desde abajo venciendo la resistencia de las propias organizaciones revolucionarias (…) esta espontánea iniciativa corrió a cargo de la parte más oprimida y cohibida del proletariado, las obreras del ramo textil, entre las cuales habría no pocas esposas de soldados (…)”

En efecto, miles de trabajadoras textiles del barrio de Vyborg, abandonaron sus puestos de trabajo y fueron de taller en taller llamando a la solidaridad de clase, principalmente a los metalúrgicos: “¡Abajo el hambre!”, “¡Pan para los trabajadores!”. Al llamado se plegaron obreros de varias fábricas, totalizando unos 90.000 huelguistas.

En los días siguientes, el movimiento se hizo imparable. Las obreras fueron vanguardia en los choques con la policía, hacían retroceder a los cosacos, al grito de: “Nuestros esposos, padres y hermanos están en el frente!”, ”¡Exigimos pan y el fin de la guerra!”. Y a esos reclamos se fue sumando la consigna de “¡Abajo el Zar!”

Hacia la mañana del 27 se levantaban regimientos enteros que convocaban al resto a rebelarse. La Revolución había triunfado. Cayó una monarquía de 300 años y se abrió paso a lo que luego fue la Revolución de Octubre.

Las bolcheviques y la organización de las obreras

La intervención de las obreras en Febrero se califica como espontánea y eso es así, en el sentido en que no fue dirigida por ninguna organización revolucionaria. Pero fue producto de un cambio de conciencia a partir de sus experiencias y  acciones políticas.

El auge económico en la Rusia de la pre guerra ya había empujado legiones de mujeres a las fábricas. Muchas habían participado en la Revolución de 1905, durante la cual trabajadoras textiles y de otros sectores, hicieron huelga e intentaron crear sus propios sindicatos.

La guerra aumentó el peso económico y político de las mujeres. Sus consecuencias materiales les permitieron apuntar al Gobierno que la dirigía.

Las militantes bolcheviques desempeñaron un papel fundamental. Habían dedicado años a la organización de las obreras no calificadas, enfrentando dudas en sus propias filas, ya que algunos camaradas varones consideraban que restaba fuerzas a la lucha contra el zarismo o era hacer el juego a las feministas de las clases altas. Fueron mujeres bolcheviques quienes organizaron una reunión de trabajadoras en el barrio de Vyborg para hablar de la guerra y de la inflación y quienes activaron para la huelga y las manifestaciones del Día de la Mujer.

Después de Febrero, el hambre y la guerra continuaron. El Gobierno Provisional (liberales primero y luego, mencheviques junto a socialistas revolucionarios) y la dirección menchevique del Soviet (consejo de obreros, soldados y campesinos) frustraron las esperanzas de que la vida mejoraría con la caída del Zar.

La fisura entre las obreras y  las feministas que apoyaban al Gobierno Provisional y el derramamiento de sangre se agrandó. Fue parte del proceso que inclinó la balanza hacia el Partido Bolchevique, obrero, revolucionario e internacionalista.

Los bolcheviques profundizaron la organización y politización del proletariado femenino, mucho por la voluntad de sus dirigentes mujeres. Y fueron los únicos que integraron la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en una estrategia de acción de toda la clase trabajadora contra el Gobierno y la guerra.

La Revolución Rusa de 1917 fue iniciada y conformada por obreras. Sin el apoyo de la mano de obra no calificada de Petrogrado, la mayoría mujeres, Octubre no habría triunfado. Y el poder de los Soviets brindó avances que no lograron los más desarrollados países capitalistas o tardaron aun décadas.

Mirémonos en la experiencia de aquellas obreras y militantes rusas. Aunque hoy nuestra disposición a la pelea es inmensa y ha dado frutos, a medida que empeoran las condiciones económicas y sociales, la emancipación femenina se aleja. Ella no se alcanzará con conquistar el aborto legal, por importante que este sea, o algunos otros derechos democráticos ni con enfrentamientos entre géneros. Podemos lograrla si luchamos por la unidad de toda la clase explotada y oprimida y por construir un partido revolucionario de los trabajadores que dirija nuestro Octubre, el que lleve adelante todas las reivindicaciones obreras, hasta las últimas consecuencias.

Fuentes:

Trotsky, Historia de la Revolución Rusa

Trudell, Megan, Las mujeres de 1917

Frencia/Gaido, El marxismo y la liberación de las mujeres

Cecilia Toledo y varios/as, Las mujeres en la Revolución Rusa

 

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