NECESITAMOS UN PLAN OBRERO ALTERNATIVO

Escrito por pstu

14 agosto, 2020

Mientras que el número de los contagiados y muertos por Covid-19 no para de subir, estas estadísticas dejaron de estar en el centro de la agenda política y de los medios masivos de comunicación. En una situación en la que se habla de la posibilidad de colapso del sistema sanitario, toda la discusión gira en si se flexibiliza o se mantiene como está ¿Qué más quieren flexibilizar si la circulación es prácticamente normal, solo que con barbijo? El propio Alberto Férnandez, declaró que le “asombra que se siga hablando de cuarentena, si toda la actividad se ha liberado”. Aun así mañana declararán la extensión de esta farsa de medida que es el aislamiento obligatorio actual, la fase empresarial de la cuarentena.

Justificando la situación por el “ánimo social”, el Gobierno deja librado los criterios del cuidado a la responsabilidad ciudadana. Lo que no dice es que quienes pidieron abrir todo rápidamente fueron los empresarios y las multinacionales y que parte fundamental del “Pacto Social” es que no se vuelva a frenar la producción, pase lo que pase: así crezcan los muertos, los contagios y estén por colapsar los hospitales. Total, donde se cuentan por decenas los contagiados y se suman las muertes, es en los lugares de trabajo y los barrios populares. Si nunca les importó a los empresarios la vida del pueblo trabajador ¿por qué les iba a importar ahora? (ver página 3)

Ya van cinco meses del coronavirus circulando y extendiéndose por el país. Quedó demostrado  que el discurso de “vamos a priorizar la salud por sobre la economía” no fue más que puras palabras y los trabajadores y trabajadoras estamos expuestos tanto al coronavirus como a la miseria y el hambre, que también siguen creciendo.

La posibilidad de que se haya encontrado vacuna y de que se vaya a producir en nuestro país no deja de generar expectativas, y todos queremos que eso se confirme. Pero ello no puede quedar en un acuerdo entre laboratorios privados, como es ahora. El Estado debe garantizar ya mismo la gratuidad de esa vacuna para el conjunto de la población y la absoluta prohibición del lucro empresarial.

 

Renegociación y después

Mientras se extiende la pandemia, el foco de la preocupación del Gobierno está en el plan económico post pandemia, que de post tiene muy poco porque ya se está implementando.

El acuerdo de renegociación reciente de una parte de la Deuda fue festejado como un primer triunfo económico ¿Triunfo de quiénes? De los sectores cuya prioridad número uno era que Argentina no cayera en “default”: el Gobierno (no solo el nacional sino los gobernadores tanto los del PJ como los de Cambiemos), el FMI, el conjunto de los empresarios y las cúpulas de las centrales sindicales, ya parte del mismo equipo. ¿Qué tiene de bueno ese acuerdo para nosotros? Nada, al contrario: la Deuda que no contrajimos las trabajadoras y trabajadores, la seguiremos pagando con el sudor de nuestro trabajo y la miseria de nuestros hijos (ver página 4).

Ahora que ya lograron eso, vienen por más. Los empresarios apuran con las reformas estructurales que hace tiempo vienen pidiendo (ver página 6).

 

El Plan San Martín ¿Una alternativa?

En medio de todas estas negociaciones en las alturas, organizaciones afines al Gobierno (UTEP – Unión de Trabajadores de la Economía Popular-, sindicatos de peso – Camioneros, Unión Ferroviaria, UOCRA y otros-) presentaron un plan post pandemia para los sectores populares: el “Plan de Desarrollo Humano Integral”, llamado también “Plan San Martín”.

Lo presentarán como proyecto de Ley y su lema sería el de “tierra, techo y trabajo”. A primera vista, pareciera ser un plan opuesto al que se está “cocinando” con los empresarios, pero si lo analizamos veremos que son dos caras de una misma moneda. Veamos, por ejemplo, el tema del trabajo y su financiamiento.

Trabajo: el plan propone  crear 4 millones de puestos de trabajo “en ocupaciones socialmente valiosas que sean remuneradas con un salario social complementario. Para este momento, la propuesta es de un salario social de 10 mil pesos por trabajos con una carga mínima de 60 horas mensuales

Es decir que estos puestos de trabajo que se crearían no garantizarían siquiera estar por encima de la indigencia y habría una masa de personas para trabajar por un costo de poco más de la mitad del salario mínimo. Si eso no es hacer que los trabajadores y trabajadoras argentinos resultemos muy baratos (como piden los empresarios), ¿qué es? ¿No será esa una presión para bajar el conjunto de los salarios? ¿Es solucionar el problema del empleo o declarar a una masa de la población como trabajadores “de cuarta”?

Financiamiento: plantea que “una parte de la inversión ya está cubierta por programas existentes, como el Potenciar Trabajo y la Tarjeta Alimentaria, que totalizan 128 mil millones pesos anuales (sobre un total a invertir de 750 mil millones)”. El programa sostiene que el 36 por ciento de ese monto tiene un reingreso o recupero fiscal. Para el resto propone una serie de reformas impositivas y “un esfuerzo fiscal adicional del Estado nacional”.

Ni siquiera este plan de legalización de la miseria se propone tocar un peso a las multinacionales y los bancos que hace décadas ganan fortunas a costa de nuestros recursos naturales y de nuestro trabajo.

 

NECESITAMOS UN PLAN OBRERO URGENTE

Mientras estos planes circulan en las alturas, nuestras necesidades son cada vez más urgentes, tanto por la expansión del virus como por la crisis económica.

Muchos son los sectores que ya están peleando porque no pueden esperar, pero todas esas luchas son dispersas o frenadas con las conciliaciones obligatorias y otras maniobras, por responsabilidad de las conducciones sindicales (ver página 5).

En esta situación es fundamental rodear de solidaridad a todos los que están peleando y exigir la unidad de todas las luchas en curso. Mientras más dispersos peleamos, menos posibilidades tenemos de ganar. Tanto en donde ya estamos peleando, como en donde aún no, pero la bronca crece, debemos organizarnos para obligar a las conducciones sindicales a ir más allá de donde quieren o pasarlos por encima para poder avanzar.

Y al calor de estas peleas ir construyendo nuestro propio plan. No podemos conformarnos con las medidas sombrías que anuncian para la post pandemia, mientras nos seguimos contagiando, ni las que legalizan la miseria como las que proponen las conducciones sindicales y los movimientos sociales mayoritarios.

Necesitamos un plan con medidas de fondo, porque no podemos permitir que nos condenen a morir por Covid-19 o por hambre. Como venimos planteando desde el inicio de la pandemia: el punto de partida de un plan realmente al servicio del pueblo trabajador debe ser: defender la vida ante cualquier lucro, garantizando, la salud, el aislamiento social acorde para la clase trabajadora y los sectores populares en condiciones dignas y sin hambre. Desde el PSTU,  proponemos los siguientes puntos, entre otros:

 

-Prohibición real de despidos y suspensiones, reincorporación de todos los despedidos en 2020. Ninguna reducción salarial. Pago en tiempo y forma. No a la reforma o actualización laboral.

-Garantizar que toda persona reciba como mínimo un ingreso igual a la canasta familiar (hoy en $43.000.-), sea por aumento general de salarios, de asignaciones familiares pensiones, jubilaciones y todos los subsidios, IFE, etc. Subsidio de igual monto para las mujeres víctimas de violencia machista.

-Distribución de canasta de alimentos básicos (carnes, verduras, frutas, etc) para todos y todas. Exigencia a los supermercados para que pongan a disposición bolsas de alimentos para la población en forma gratuita. Las grandes empresas lácteas, cadenas de frigoríficos, y de acopios de maíz, trigo, aceites, etc. deben otorgar al Estado el 20 % de su producción mientras dure la pandemia.

-Ningún/a trabajador/a no esencial debería ser obligado a trabajar exponiéndose al virus. Para evitar su propagación se debería parar toda industria y comercio no esencial, garantizando el 100% del salario a todos los trabajadores, y realizar testeos masivos a toda la población.

-Para garantizar la salud de todas y todos, sistema sanitario único estatal. Incorporación y reincorporación de los trabajadores/as de la salud. Garantía de todos los insumos necesarios.

-Suspensión del ciclo lectivo hasta garantizar condiciones de acceso para toda la comunidad educativa (ver página 10) y de todas las tareas de teletrabajo no esenciales.

-Plan de obras públicas para solucionar el problema de la vivienda e infraestructura urbana, garantizado por el Estado con salarios no menores a la canasta familiar y con prioridad a las madres con hijos a cargo.

-Todo esto es posible de financiar si se deja de pagar la Deuda Externa, se aplican grandes impuestos a la renta financiera (que tiene ganancias fabulosas aún en pandemia), a las mineras, si se eliminan los subsidios a las petroleras y a todas las grandes empresas y se aumentan las retenciones a las patronales agrarias.

Para lograrlo necesitamos un gobierno que realmente planifique en función de las necesidades de la mayoría de la población y no de la ganancia patronal: un gobierno obrero y popular.

 

14 de Agosto de 2020.-

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Escrito por pstu

14 agosto, 2020

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