No hubo golpe

Escrito por Bernardo Cerdeira

7 mayo, 2016

La izquierda oficialista afirma que hay un golpe institucional en curso, articulado por la mayoría del Congreso, del Poder Judicial, de la Policía Federal y de los medios de comunicación.

Por eso se movilizó alrededor de eslóganes como “¡No va a haber golpe!” y “En defensa de la democracia” que, de hecho, se resumían en uno solo: “¡Que se quede Dilma!”. Casi toda la izquierda brasileña se alineó en este campo, con pocas excepciones, entre las cuales está el PSTU.

Nuestro partido afirma que, por el contrario, hay dos campos burgueses en lucha, ambos utilizando los métodos sucios de esta corrupta democracia burguesa.

Basta ver cuáles fueron los métodos de lucha del gobierno y del PT para intentar evitar el tal golpe: la utilización de la máquina estatal para distribución de ministerios, cargos y todo tipo de favores. La principal política del campo oficialista para enfrentar el supuesto golpe fue, y continúa siendo, la de utilizar los métodos de corrupción del Estado burgués. La movilización fue disminuyendo y siendo puesta en segundo plano. ¿Huelga general? ¿Enfrentar a los golpistas parando el país? Ni pensar, dicen Lula y Dilma.

Con todo, la prueba definitiva de que no existía ningún golpe y sí un enfrentamiento entre burgueses fue la política del gobierno para con los supuestos golpistas caso consiguiese evitar el impeachment en la Cámara.

Dilma propuso simplemente la unidad nacional con los sectores golpistas. O sea, no hay ninguna barrera intraspasable entre un sector que defiende la democracia y un sector golpista, pero sí una disputa por el poder.

Hasta hace poco tiempo, el PMDB era el mayor aliado del PT. Temer era el vicepresidente que consolidaba esa alianza. PSD, PP y PTB eran la base de sustentación del gobierno. Según el PT, ninguno era golpista o de derecha. Lo que ocurre es que, frente a la crisis económica, el gobierno perdió apoyo social, pues viene atacando a los trabajadores. Así, no consigue más engañar y “domesticar” a las masas para que estas acepten las medidas desfavorables. Por eso, el PT no tiene más utilidad para la burguesía. Esa es la explicación de por qué motivo los partidos burgueses abandonan al gobierno. Las ratas abandonan los barcos antes de que se hundan.

La izquierda que le gusta al PT

¿Por qué organizaciones de izquierda que hace poco tiempo eran oposición al gobierno Dilma pasaron a apoyarlo, aunque de forma vergonzante, bajo el manto de defensa de la democracia?

Durante 12 años, el PT tuvo fuertes aliados entre los empresarios y grandes partidos burgueses como el PMDB. En aquel periodo, despreciaba y hasta evitaba el apoyo de sectores de izquierda críticos a sus gobiernos. En realidad, podía darse el lujo de tenerlos como oposición.

Cuando los sectores y partidos burgueses lo abandonaron, y el gobierno comenzó a hundirse, cualquier apoyo pasó a ser importante. Principalmente el de la izquierda y los movimientos sociales que no estaban en el gobierno y que, por lo tanto, no estaban directamente contaminados con el esquema de corrupción.

Por eso, el PT, la CUT y la UNE lanzaron la idea del Frente Brasil Popular, y el MTST impulsó el Frente Pueblo Sin Miedo. Es la forma de intentar sostener al gobierno y construir una alternativa electoral que acomode a todos y limpie la embarrada imagen del PT.

El pueblo no se dejó engañar. ¿Quién le hace el juego a la derecha?

Como siempre ocurre, los convertidos a una nueva religión tienen que probar su adhesión a las nuevas convicciones. También en la política, los nuevos conversos a la defensa explícita del gobierno son los más activos en los ataques al PSTU. Nos acusan de hacerle el juego a la derecha y estar del lado de los golpistas.

Lo curioso es que, hasta ahora, quien dirige el Estado burgués desde hace 13 años es la coalición PT con los partidos de derecha como PMDB, PP, PSD, y otros.

Fueron los responsables por los ataques a los trabajadores, desde la reforma de la previsión, en 2003, al seguro de desempleo y al Programa de Integración Social (PIS) el año pasado; por la corrupción en la Petrobras y por la privatización del pre-sal; por la Ley Antiterrorista y por la actuación de la Fuerza de Seguridad Nacional en las huelgas y movilizaciones; favorecieron a banqueros y empresarios con intereses altísimos, exenciones fiscales y exoneraciones. ¿Quiere decir que ahora pasaron a ser un gobierno de izquierda, o progresista, que debe ser defendido?

Al contrario de la izquierda oficialista, la mayoría de los trabajadores y del pueblo no se dejó engañar por la farsa del golpe y de la supuesta amenaza a la democracia. Están contra el gobierno Dilma y se sienten engañados por el PT y por Lula porque identifican, correctamente, que este gobierno los engañó.

Por otro lado, eso no significa que apoyen a los partidos y a los políticos que promovieron el impeachment. El repudio al espectáculo de los diputados durante la votación en la Cámara es general. Hay una desconfianza en los políticos de derecha que no permite, por ejemplo, que los candidatos del PSDB crezcan en las encuestas de opinión. Por eso, cada vez es más aceptada nuestra posición por el “Fuera todos” y por “Elecciones generales ya”.

Quien hace el juego a la derecha son aquellos que apoyan a Dilma. Al defender un gobierno repudiado, con razón, por la mayoría de los trabajadores, no ofrecen una alternativa de izquierda al gobierno y dejan a la derecha ocupar el campo de la oposición.

Luchar contra un golpe inexistente es una farsa inventada para defender el “Que se quede Dima”, o sea, para apoyar a este gobierno que, hasta hace poco tiempo, el PSOL, el PCB y el MRT criticaban duramente.

Extraña oposición de izquierda: el papel del PSOL

Entre la izquierda oficialista, el PSOL cumplió un papel activo en la defensa del gobierno. Este no es un movimiento nuevo. Viene por lo menos desde el segundo turno de la elección de 2014, cuando sus parlamentarios apoyaron a Dilma contra Aécio. Después, el PSOL integró las varias iniciativas que, como el Frente Pueblo Sin Miedo, decían no apoyar al gobierno sino luchar contra un golpe. En el último periodo, la defensa del gobierno pasó a ser clara.

En la misma nota en la que explican por qué votaron contra el impeachment, la dirección del PSOL dice que siempre fue oposición de izquierda a Dilma. Como ejemplo, explican que solo votaron con el gobierno 47% de las veces y, por lo tanto, votaron más (53%) contra el gobierno. ¡Extraña oposición de izquierda que vota casi la mitad de las veces a favor del gobierno! Con una oposición así cualquier gobierno se siente tranquilo.

Para explicar su posición contra el impeachment, el PSOL se apega a la Constitución y a la defensa del Estado de Derecho, diciendo que Dilma no cometió crímenes de responsabilidad. La misma defensa presentada por el gobierno y por el PT.

Ahora, ese es un argumento típico de maniobras jurídicas de abogados que defienden a políticos corruptos. El gobierno Dilma cometió, sí, muchos crímenes contra los trabajadores y el pueblo, que ya enumeramos en este mismo artículo.

Nosotros, de PSTU, estamos contra el impeachment no porque el gobierno no haya cometido crímenes sino porque ese instrumento es una manera de que la clase dominante sustituya el fusible quemado (en el caso, el gobierno Dilma) que no funciona más, por otro (el de Temer) tanto o más corrupto que el anterior y que va a continuar atacando nuestros derechos.

Además, una verdadera oposición de izquierda socialista no defiende el Estado de Derecho. Mucho menos la Constitución totalmente reaccionaria que tenemos. En general, el Estado de Derecho y el llamado régimen democrático son verdaderas dictaduras de la burguesía, disfrazadas por el derecho de elegir, cada cuatro años, los gobernantes que van a explotar al pueblo.

Ese mismo Estado de Derecho permite que los trabajadores voten, pero viola sus derechos democráticos todos los días. La policía aplica, en la práctica, la pena de muerte, asesinando todos los años a más de cinco mil personas, la mayoría negros y pobres. Campesinos, indígenas y quilombolas pierden sus tierras y vidas todos los días. En las empresas, continúa existiendo una dictadura patronal que despide a trabajadores a la menor tentativa de organización sindical. Por lo tanto, el Estado de Derecho es una farsa que busca encubrir una dictadura burguesa.

Nosotros defendemos, sí, las libertades democráticas de los trabajadores si estuvieran amenazadas. Pero nunca defendemos este supuesto derecho constitucional de que un gobierno se quede cuatro años en el poder haciendo todo tipo de violencias contra el pueblo.

Por eso, el PSTU defiende que los trabajadores saquen a este gobierno y a todos los políticos corruptos por medio de movilizaciones y de una huelga general, exigiendo nuevas elecciones generales. Eso es profundamente democrático porque expresa un sentimiento creciente entre la mayoría de la población. Defendemos que los trabajadores vayan más allá y luchen por un gobierno socialista de los trabajadores apoyado en Consejos Populares. La lucha contra el gobierno y contra la alternativa de derecha es un paso fundamental en esta dirección.

Traducción: Natalia Estrada

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 515, 21 de abril de 2016, pp. 10-11.

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