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POR CRISTINA Y POR GLENDA, DERROTAR ESTA JUSTICIA CLASISTA Y MACHISTA

POR CRISTINA Y POR GLENDA, DERROTAR ESTA JUSTICIA CLASISTA Y MACHISTA

Cristina Vázquez estuvo 11 años encerrada por una acusación falsa, a los 19 años la acusaron de asesinar a una vecina, junto a su amiga, ambas fueron condenadas sin pruebas y desde ese momento su vida fue un infierno. Dentro del Penal número 5, cuando ella sufría alguna de las crisis (por todo lo vivido, cargar con una pena que no era suya y una muerte que no le pertenecía) los médicos la medicaban con clonazepam, trapax, y antidepresivos, entre tantos agravios sufridos.

En diciembre del año pasado a Cristina la dejaron libre por un fallo de la Corte, a los 38 años y casi toda una vida robada por esta justicia que solo amedrenta a las mujeres y más si estás son pobres. Cuando recuperó su libertad, no tuvo ningún acompañamiento integral para poder afrontar no solo el tiempo que le quitaron sino lo que le esperaba “afuera”, no pudo conseguir trabajo estable, ni poder seguir sus estudios.  Claro, haber estado presa tiene su estigma por gran parte de la sociedad.

A principio de este año, Cristina viajó a Buenos Aires, tuvo una reunión con el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación y le ofrecieron un subsidio ($8500, una miseria) que se demoró en salir, pero aun así insuficiente. Empezó a trabajar en Cáritas, pero cuando se enteraron de que se casó con una compañera de la cárcel le dijeron que debía tramitar el divorcio sino no podría cobrar ni trabajar más allí. Nuevamente, la hipocresía de una institución católica como lo es Cáritas.

El 28 de agosto Cristina se suicidó en su casa de Misiones, dejando una carta que está en mano de la misma justicia que la mató en vida.

También está el caso de Glenda Aciar (23 años), quien fue usada como «señuelo» por su pareja, Luis Montaño, para matar a un hombre por haber tenido alguna relación con ella, en San Juan. Glenda está casada desde los 15 años con Montaño (8 años mayor).  En algún momento comenzó la violencia y en uno de los ataques de celos de Montero le estalló el celular en el piso y luego comenzó a revisarle todas las conversaciones viejas, dónde encontró mensajes de Quiroga. Montaño se hizo pasar por ella durante un tiempo, hasta lograr que Quiroga acepte un encuentro.

Durante el tiempo que Montaño se habló con Quiroga, Glenda sufrió todo tipo de violencia (psicológica, económica, verbal y física).  Montaño es trabajador minero y utilizó los zapatos de punta de acero para castigar a Glenda de la manera más denigrante, la obligó a desnudarse y abrirse de piernas para poder pegarle patadas en la vulva.

Montaño la obligó a ir al descampado donde él había quedado para encontrarse con Quiroga y, amenazándola de muerte logro su venganza: ¿cómo un HOMBRE como Montaño iba ser engañado?  Cuando vió que Quiroga se acercó a Glenda, este apareció por atrás y le partió la cabeza con un fierro, luego de esto obligó a Glenda a colaborar en tirar el cuerpo en una fogata que él ya había encendido previamente.  Luego de asesinar a Quiroga, Montaño la obligó a raparse y a utilizar su vestimenta de trabajo, para que ningún varón la pueda ver cómo mujer. Cuando la policía logra dar con la casa de Glenda ella se sintió a “salvo”, pero la justicia machista y clasista la acusa a ella de doble cargo, cuando a Montaño solo lo acusan de uno.

Glenda no sólo sufrió la violencia machista, si no que también al igual que Cristina sufren la violencia del estado y de la justicia, los cuales cada día demuestran más de qué lado de la mecha están.

Casos como este ni siquiera son tomados con perspectivas de género. Y aun así sería insuficiente. En lo que va del año hubo 199 femicidios, 118 de ellos ocurrieron durante el aislamiento preventivo, social y obligatorio y 178 niñes perdieron a su mamá*, de los cuales muchos fueron cajoneados/olvidados por esta Justicia, con sus agresores libres, con familias e hijes de las víctimas con sed de justicia. Una justicia que es difícil de conseguir, que muchas veces no llega, donde las distintas instituciones y mecanismos del propio Estado vuelven a asesinar a las víctimas.

Hay que exigirle a Alberto Fernández medidas concretas, basta de falsas promesas. Una de las medidas con carácter urgente es el NO PAGO DE LA DEUDA ilegal y usurera, como también el impuesto a las grandes fortunas, para que ese dinero sea destinado a cubrir las necesidades mas urgentes de las mujeres,  trans y travestis, como la creación de empleo genuino para todes, casas refugios y subsidios a hijes de las víctimas. El colectivo NI UNA MENOS y las direcciones sindicales deberían ser las primeras en batallar para lograr que la justicia burguesa y machista deje de amedrentar a las mujeres pobres y dejar de transar por las espaldas de las mujeres trabajadoras los ajustes que este gobierno nos carga.

Exigir justicia, y que situaciones como estas sean tomadas con perspectivas de género es correcto, pero hay que ser capaces de ir más allá, empezando a crear Comisiones Investigadoras independientes para romper con la impunidad y pactos de silencio. Sabemos que dentro del marco del sistema capitalista esta Justicia no dejará de tener su carácter de clase y opresora, pero es obligación de la clase trabajadora avanzar y luchar por una justicia real, así como también combatir al machismo en cada lugar donde estemos.

*Observatorio “Ahora que sí nos ven”.

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