Un régimen corrupto y fraudulento al servicio de los patrones

Escrito por Matías Martínez

3 septiembre, 2015

Y un día el que “se vayan todos” volvió a tronar en la Argentina. Esta vez fue en el “jardín de la república”, cuando el pueblo tucumano salió a las calles para repudiar el fraude electoral.
El Tucumanazo fue un estallido contra  los 12 años de impunidad de Alperovich en la provincia, todo un símbolo del modelo clientelar K que algunos medios intentan embellecer y hacer pasar como “un sistema de representación de la voluntad popular”.
Pero no fue sólo eso, la movilización del 23 de agosto pasado fue el detonante que liberó la bronca acumulada, que desnudó ante millones un régimen corrupto y fraudulento al servicio de los poderosos.  Dejó en evidencia este verdadero engaño donde todos -peronistas, radicales, macristas y  progresistas- forman parte del juego. Un régimen tramposo al servicio de los grandes empresarios y de sus representantes políticos, que intenta legitimar el ajuste y el saqueo del pueblo trabajador que vivimos a diario, aduciendo que lo hace en nombre de una mayoría que se expresa a través de las urnas (ver pág. 3).
Los hechos constituyen otra señal que confirma que lo sucedido en el 2001 sigue abierto y cada tanto se hace presente con toda su fuerza.  Reafirma que a pesar de los avances obtenidos, ni el propio kirchnerismo  ha podido cerrar esa etapa en la Argentina. Ha pulverizado la falsa idea de que el cambio comenzó en el 2003, con la llegada de Néstor al poder.  
Mal que les pese, la realidad es caprichosa y sigue clavando en aquel 20 de diciembre el  almanaque de la historia, cuando el pueblo argentino tomó el destino en sus manos y derrotó en las calles al gobierno de De la Rúa y su plan de ajuste al servicio de pagar la estafa de la deuda externa. Esa misma soga que el propio Néstor nos volvió a colgar del cuello años después.   

La crisis no es sólo tucumana

La masiva movilización contra el fraude y la brutal represión del gobierno de Alperovich a los que se manifestaban nacionalizó el conflicto. Y a pesar de los intentos de provincializar el problema, quedó demostrado que los vientos que soplan por aquellos pagos  son los mismos que sacuden el país y el conjunto de América Latina.
La crisis económica mundial avanza, la locomotora china ha comenzado a apagarse y arrastra a la recesión al conjunto de los países de la región. (ver pág 10).  El ajuste avanza con despidos y suspensiones, como anunciaron las multinacionales automotrices últimamente, con el aumento de las tarifas del  gas, con la inflación que no da respiro.
Por ello, desde hace tiempo que desde todos los sectores del poder se intenta canalizar el descontento a través de las elecciones. Insisten desde todos los medios en construir una polarización electoral que reduzca esas opciones entre quienes con sus matices sigan aplicando el mismo ajuste después de octubre.  Es un intento de construir alguna alternativa electoral que le asegure una alternancia pacífica entre los mismos de siempre, y que esto a su vez sea aceptado por el conjunto de la población como algo legítimo.
¿O acaso Cristina no aplicó el ajuste y las medidas antiobreras diciendo que tenía el 54% de los votos y acusando a cualquier movilización como  un intento de golpe que desconocía la voluntad popular?  Algo similar hicieron y siguen haciendo los gobiernos frentepopulistas en Latinoamérica.  
Este es uno de los pilares de la trampa de este sistema al servicio de los poderosos y es lo que el Tucumanazo ha cuestionado. Si bien seguramente el nivel de las movilizaciones bajará paulatinamente, el problema central que tiene el régimen es que se ha puesto en duda la legitimidad del ganador, sea quien fuere. Y esto no sucede sólo en una provincia, ni se debe únicamente al estilo patoteril  de algún caudillo del interior. Se extiende a todo el territorio nacional. Como dice el viejo dicho popular, lo que huele mal no es sólo la manzana, lo podrido es el cajón.
De ahí la preocupación de todos los editorialistas y operadores de los empresarios – oficialistas y opositores- que están tratando de cerrar la herida abierta desde entonces. Sólo falta leer las columnas de Verbitsky, Morales Solá y Van der Kooy –para mencionar algunos- y dar cuenta de ello.
El ensayo de confrontación electoral entre el gobierno (FPV)  y la unidad opositora patronal  (radicales PRO, FR y progresistas) terminó en escándalo, abriendo la puerta a que se movilicen las masas y se exprese toda la bronca acumulada en una de las provincias donde la desigualdad social, el hambre y la corrupción generalizada conviven cotidianamente. Y estos defensores del régimen salen al cruce a lo que le temen no a unas pocas urnas incendiadas, sino a la verdadera justicia obrera y popular que puede surgir si  los trabajadores se siguen movilizando por sus reclamos más sentidos contra este sistema  que los condena.
 
Hay que anular las elecciones. El voto electrónico y la boleta única no son una salida.

Compra de votos a cambio de comida, clientelismo, matones y punteros, tiroteos, robo de boletas y hasta de urnas enteras, corrupción en el correo, voto de extranjeros no habilitados, coimas a los fiscales, asesinatos de militantes (como sucedió en Jujuy), todo esto forma parte del sistema electoral corrupto en el que vivimos desde siempre, que ahora ha saltado ante millones.
En Tucumán hay motivos más que suficientes para anular la elección y exigir la renuncia inmediata de Alperovich. Sin embargo, nos quieren llevar a contar los votos en un escrutinio definitivo para determinar quien ganó, algo que puede demorar hasta un mes. Y por el otro lado, ante la crisis desatada, los oportunistas de siempre quieren sacar su tajada. Ahora la oposición se dio cuenta que algo anda mal, dicen que hay irregularidades  y se juntan para pedir una reforma electoral a través del voto electrónico con boleta única.
No hay que dejarse engañar, todos son un fraude.  Cristina, Scioli, Massa, Macri, Stolbizer, Alperovich, Manzur, Cano y todos los políticos patronales forman parte de este circo y han avalado sus propios gobiernos a través de él.
Para los trabajadores que sufrimos la explotación a diario, la salida no es  cambiando la forma de votar, no se trata  de “transparentar” los mecanismos con que los grandes empresarios se enriquecen a costa de nuestro sacrificio. Da igual el sistema de votación actual o el voto electrónico, así como las PASO proscriptivas, si el día después de las elecciones tanto el FPV, la UCR o el PRO van a salir a enfrentar unidos a los trabajadores, utilizando sus leyes en nuestra contra, reprimiendo y persiguiendo a quienes reclaman.
Por eso, debemos movilizarnos de forma independiente, llamando a que los sindicatos se pongan a la cabeza de organizar la lucha por anular inmediatamente estas elecciones fraudulentas en coordinación con el conjunto de los sectores populares. Esta es la única manera de evitar que vuelvan a reiterar un nuevo fraude en otras elecciones.
Y a su vez, este es el camino para cambiar las bases sociales y económicas que este régimen defiende, parándoles la mano a estos gobiernos al servicio de las multinacionales que se lo llevan todo a costa de hundir en la miseria a millones de familias obreras. Porque gane quien gane las elecciones, el ajuste y la represión van a seguir después de octubre.

Por eso tenemos que luchar por un gobierno de los trabajadores que siente las bases para construir un nuevo sistema en Argentina y en el mundo al servicio de nuestra clase. Este camino no es otro que la lucha por el socialismo, para la cual el PSTU y la LIT estamos a su servicio e invitamos a que te sumes.

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Escrito por Matías Martínez

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